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Nuestra tendencia a aplazar las cosas hasta mañana en contra de nuestro propio sentido común no necesariamente significa que seamos perezosos o que tengamos un problema de manejo de nuestro tiempo. Procrastinar es ser humano.

Una tarea desafiante puede evocar emociones poco placenteras, incluyendo aburrimiento, ansiedad, resentimiento y falta de confianza en uno mismo. Cuando aplazamos algo que despierta sentimientos negativos, sentimos alivio —al menos por el momento.

Esto explica por qué procrastinar puede convertirse en un hábito. “Procrastinar es un problema de regulación de emociones, no un problema de manejo de tiempo”, dijo Tim Pychyl, profesor de psicología en la Universidad de Carleton, en Canadá, a The Times.

Pychyl ha descubierto que procrastinar da prioridad a reparar el estado de ánimo a corto plazo. Los humanos están preprogramados para eliminar cualquier amenaza del presente.

“Realmente no fuimos diseñados para pensar en el futuro distante debido a que necesitábamos enfocarnos en sustentarnos en el aquí y ahora”, dijo el psicólogo Hal Hershfield, de la Universidad de California, en Los Ángeles.

Esa miopía explicaría por qué algunas personas hacen las cosas demasiado pronto, o “precrastinan”. Estas personas hallan alivio no al postergar una tarea, sino al abordarla de forma prematura para marcarla como terminada.

Varias investigaciones sugieren que hacemos esto para liberar memoria, explicó. “Es tan mentalmente oneroso llevar una lista de pendientes en nuestra cabeza que emplearemos conductas que nos permitan reducir esa carga cognitiva incluso si significa realizar un mayor esfuerzo”, señaló.

Esto puede ser contraproducente, al hacer que sea difícil completar otros objetivos más complejos. Para evitar esto, los expertos recomiendan encontrar formas de aligerar nuestra carga, o programar cuándo le da uno un vistazo a su correo electrónico en lugar de responder un mensaje apenas llega.

En general, hacer a un lado todos los dispositivos electrónicos durante un periodo de tiempo puede estimular la productividad, un beneficio tanto para quienes procrastinan como para quienes precrastinan. Investigaciones han descubierto que cuando las distracciones alejan a la mente de una tarea, el tiempo que uno tarda en volverse a concentrar se acumula durante el día y resulta en fatiga y estrés que a la larga perjudican el desempeño, reportó The Times.

“Estar disponible para todos en todo momento es extenuante”, dijo Catherine Price, autora de “Cómo Cortar con Tu Móvil”, a The Times. “Necesitamos estar no disponibles de forma intencional para conservar nuestra propia cordura”.

Price sugiere guardar ocasionalmente el teléfono, incluso durante un periodo de 24 horas; los síntomas de abstinencia, como ansiedad o estar inquieto, pasarán pronto.

“No desista y, dentro de un periodo sorpresivamente corto de tiempo, es probable que la ansiedad se transforme en un sentido placentero de calma”, añadió Price.

Es allí cuando la productividad e incluso la creatividad pueden florecer, para permitir que el procrastinador enfrente cualquier tarea que le parezca más importante.
“La motivación sigue a la acción”, dijo Pychyl. “Comience y descubrirá que así llega la motivación”.

The New York Times