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Por Matt Phillips y Erin Griffith

La generación más reciente de compañías de arranque del Valle del Silicio se dirige a toda prisa a los mercados bursátiles, lo que despierta esperanzas entre inversionistas grandes y pequeños ávidos por invertir en estas firmas de alto perfil y rápido crecimiento.

Pero la generación del 2019 es muy diferente a sus predecesoras. Estas compañías, que incluyen a favoritas de la economía de trabajos esporádicos como Uber y Lyft, por lo general tienen más edad y son más grandes, y tienen años de ser impulsadas por miles de millones de dólares de dinero privado que ha transformado al mundo de las compañías de arranque.

La madurez adicional de las compañías podría generar oscilaciones desenfrenadas —tanto grandes ganancias como grandes pérdidas— para los nuevos inversionistas.

También podría significar que las fases más rápidas de crecimiento de las compañías han quedado atrás. Como resultado, hay un mayor riesgo de que en esta oleada de ofertas públicas iniciales tecnológicas, un grupo de inversionistas de élite, como fondos de riqueza soberana e inversionistas de capital de riesgo, se lleven una participación más grande de las ganancias en comparación con inversionistas nuevos.

“Los inversionistas individuales van a participar demasiado tarde”, dijo Jason DeSena Trennert, socio administrativo en Strategas Research Partners, una firma de análisis económico y de mercados. “Van a ser los últimos inversionistas en entrar y esa es la preocupación”.

El cambio refleja una transformación a gran escala en la forma en que los emprendedores estadounidenses recaudan dinero para construir sus compañías. En lugar de recurrir rápidamente a los mercados bursátiles y el escrutinio que va de la mano con eso, como hicieron Amazon y Google, construyen enormes negocios durante el curso de muchos años con dinero privado, y con menos exigencias de divulgaciones financieras.

Uber, la gigantesca compañía de traslados, ha recaudado más de 20 mil millones de dólares en la última década. Lyft, su rival más pequeño, que comenzó a cotizar en el mercado Nasdaq el mes pasado y cuyo precio por acción rondaba los 72 dólares el 4 de abril, recaudó 4.9 mil millones de dólares en el curso de siete años.

Las inversiones de capital de riesgo en compañías con sede en EU crecieron a 99.5 mil millones de dólares en el 2018, el nivel más alto desde el 2000, de acuerdo con CB Insights, que hace seguimiento a compañías de arranque.

Esas inversiones han llevado las valuaciones de las compañías de arranque a alturas inusuales. Hoy hay al menos 333 unicornios, compañías valuadas en mil millones de dólares o más, de acuerdo con CB Insights. En el 2014 había alrededor de 80.

Lyft tiene una valuación privada de más de 11 mil millones de dólares, al igual que Pinterest, otra compañía en proceso de cotizar en el mercado bursátil. Uber, la más grande de las compañías privadas que se anticipa que lleguen a la bolsa de valores este año, tiene una valuación en el mercado privado de más de 70 mil millones de dólares. En los mercados bursátiles, eso es aproximadamente el mismo tamaño que el gigante corporativo Goldman Sachs.

Algunos grupos de la industria e inversionistas dicen que el énfasis en los mercados privados es consecuencia de una ley federal aprobada en el 2002 que endureció la normas contables para las compañías que cotizan en la bolsa.

Otros dicen que la caída en ofertas públicas iniciales comenzó antes. Atribuyen el cambio a una oleada de desregulación federal, que hizo que fuera más fácil recaudar dinero y vender compañías de forma privada.

Independientemente de lo que impulsa eso, el resultado neto ha sido una desaceleración en el número de compañías cotizadas en la bolsa en EU. El número de compañías en mercados bursátiles ha caído un 52 por ciento desde 1997, a poco más de 3 mil 600 en el 2016, de acuerdo con la Oficina Nacional de Investigación Económica de EU.

Esta reducción a largo plazo en las acciones disponibles públicamente es una razón por la que algunos analistas anticipan que compañías de arranque prominentes reciban una respuesta cálida de los inversionistas institucionales que por lo general compran acciones recién emitidas, incluso si la ventaja potencial pudiera ser más pequeña.

Sin embargo, los inversionistas tienen algunas razones para mostrarse escépticos de pagar precios altos por compañías recién cotizadas en la bolsa. Durante los últimos dos años, el valor de las compañías que completaron ofertas públicas iniciales de hecho cayó en un promedio del 8 por ciento, de acuerdo con un reciente reporte de investigación de analistas de Goldman Sachs.

Durante el mismo periodo, el índice bursátil S&P 500 registró un avance de alrededor del 12 por ciento.

 The New York Times