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Por Joe Coscarelli

LOS ÁNGELES — Aún antes de cumplir 17 años en diciembre, la cantante Billie Eilish había cumplido casi todos los prerrequisitos modernos para alcanzar el estrellato pop.
Sus canciones hechas en casa, compuestas sólo con su hermano mayor, habían sido reproducidas vía streaming más de mil millones de veces en plataformas digitales; había ofrecido conciertos con localidades agotadas en escenarios cada vez más grandes ante fanáticos delirantes; y reunió unos 15 millones de seguidores en Instagram.

Muchos de sus fans ya habían empezado a adoptar la llamativa estética visual de la artista: mirada inexpresiva (aburrida, en el mejor de los casos), pelo teñido en tonos de azul eléctrico y morado desteñido y una antisilueta con ropa holgada.

Lo que la artista no tuvo a lo largo del camino —y para su crédito, no necesitó— fue el golpe de suerte de un momento digno de convertirse en meme o un gran éxito.

Es apenas hasta ahora, tres años después de que la industria tuvo una probadita de su sonido, que Eilish siquiera se decidió a lanzar su álbum debut.

Es probable que “When We All Fall Asleep, Where Do We Go?”, lanzado el 29 de marzo, afiance su reputación como una estrella de la industria musical del siglo 21 que personifica toda la promesa creativa y comercial de la cultura juvenil en línea. También podría convertirla en un nombre familiar.

Dave Grohl, cuyas hijas están obsesionadas con Eilish, sólo pudo compararla con su vieja banda: “Está sucediendo lo mismo con ella que sucedió con Nirvana en 1991”, dijo recientemente en una conferencia de la industria discográfica, mostrando la música difícil de clasificar de Eilish como prueba de que “el rock dista mucho de estar muerto”.

El productor de hip-hop Timbaland declaró que este año, y el próximo, serán para Eilish, si así lo quiere.

La cantante está desarrollando su propio universo para fans vía un flujo de música, videos, medios sociales y presentaciones. Combina la mayoría de las ideas creadas para la internet de este siglo —versiones estilo dance electrónico, confesiones tristes desde su recámara, rap desenfrenado en SoundCloud— para convertirlas en una fusión provocativa sin género definido que suena a pop, pero que es reproducida vía streaming como hip-hop. (En vez de tener un éxito arrasador, Eilish tiene ocho canciones con más de 140 millones de reproducciones en Spotify).

Las canciones son compuestas y producidas por Eilish y su hermano Finneas, de 21 años. Graban casi exclusivamente en las recámaras de su niñez, nunca lejos de sus padres, los actores Maggie Baird y Patrick O’Connell.

Luego de que Finneas reclutó a Billie, entonces de 13 años, para interpretar “Ocean Eyes”, una canción que él había escrito, los hermanos subieron el track a SoundCloud para que la maestra de danza de Eilish le hiciera una coreografía, pero despegó, impulsado por remixes extraoficiales y la magia de los algoritmos.

Aunque su voz es pura, sus temas líricos expresan angustia y desolación —asesinos seriales, dominación y monstruos bajo la cama.

En sus videos, ha sangrado un líquido negro de las cuencas de sus ojos, ha dejado que una tarántula se arrastre sobre su cara y ha sido maltratada y perforada con agujas por unas manos sin cuerpo, invocando a artistas impactantes como Nine Inch Nails y Marilyn Manson, más que a Taylor Swift o Katy Perry.

Pero su público principal siguen siendo jovencitas. “Xanny”, de su álbum, aborda la dependencia predilecta de la generación SoundCloud —benzodiacepinas y opioides— con preocupación y desdén: “no necesito un xanny (Xanax) para sentirme mejor”, canta. “No me des un xanny, ahora o nunca”.

Eilish señaló que se dedicaba a vivir el momento mientras que, al mismo tiempo, trataba de guardar la perspectiva.
“Sin embargo, me estoy dando cuenta de que donde estoy ahorita es algo así como mi momento”, expresó.

 The New York Times