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Por Richard Schiffman

Xander DeLeon, de 8 años, no habría estado tan sorprendido si hubiera caminado por la rampa del Arca de Noé.

Había camellos en la pastura, un gigantesco emú sin alas, pavorreales que daban alaridos, un corral lleno de burros y caballos miniatura. Había búhos, halcones y un cóndor de los Andes con una envergadura de 3 metros, así como toda raza concebible de animal de granja en los establos, jaulas y recintos al aire libre en el campus de la que podría ser su nueva escuela.

Para su madre, Leslie DeLeon, esa visita a Green Chimneys, una escuela para niños con necesidades especiales en una antigua granja lechera a unos 100 kilómetros al norte de la Ciudad de Nueva York, parecía la respuesta a sus plegarias.

“Él decía, ‘ah, puedo ver cómo ponen huevos las gallinas’”, contó. “Lloré, porque sabía que por fin había encontrado el lugar correcto para mi hijo”.

Antes de llegar a Green Chimneys, Xander, quien tiene trastorno por déficit de atención con hiperactividad y dislexia, se sentía abrumado en la escuela. Solía hacer berrinches y con frecuencia simplemente se salía de las clases en su escuela en Manhattan.

Ahora, en Green Chimneys, Xander saca calificaciones de 9 y 10. “El personal de la escuela le dice que no podrá trabajar en la granja si no sigue desempeñándose bien”, dijo DeLeon. La posibilidad de estar separado de sus queridas cabras ha motivado a Xander en formas que su escuela tradicional nunca pudo.

Green Chimneys School for Little Folk (Escuela Chimeneas Verdes para Gente Pequeña) fue abierta en 1948 por un educador amante de los animales y filántropo, llamado Samuel B. Ross Jr. Fue un pionero de la idea de que niños con retos emocionales podrían ganar seguridad en sí mismos y volverse socialmente hábiles al cuidar animales. Lo que comenzó como un internado con 11 estudiantes es ahora un centro residencial y para alumnos externos con dos campus, 243 estudiantes y por lo menos el mismo número de animales.

Mientras que la idea de que los animales podrían ayudar a los niños a aprender y sanar en el aspecto emocional era revolucionaria en la época de Ross, los beneficios son aceptados de forma generalizada en la actualidad.

“Cuando tienes una formación tradicional como psicólogo, nunca piensas en hacer algo fuera de la oficina”, dijo Steven Klee, director de servicios clínicos y médicos en Green Chimneys. “La terapia significa hablar —uno ni siquiera consideraría usar un animal”.

Pero a Klee le parece que en el caso de un niño temeroso, interactuar con un animal puede ser un primer paso para relacionarse exitosamente con otros.

Quizás de forma sorprendente, esta interacción funciona incluso con los niños citadinos menos afectos al campo.

Con una proporción de personal-alumnos de 4 a 1 en el campus principal y un nivel de cuidado individualizado que pocas escuelas pueden ofrecer, Green Chimneys establece el estándar.

Todos los años, alrededor de mil alumnos son referidos a Green Chimneys; el año pasado, sólo 95 estudiantes nuevos fueron aceptados. La colegiatura es de 50 mil dólares al año para alumnos externos y considerablemente más para quienes viven ahí. La escuela es financiada en parte por el Departamento de Educación del Estado de Nueva York. Edward Placke, director ejecutivo de la escuela, dijo que la colegiatura de los estudiantes es pagada por sus distritos escolares locales.

No todos los alumnos prosperan en la escuela. Aquellos con discapacidades de aprendizaje y problemas de conducta severos podrían batallar, y las transiciones de regreso a familias y escuelas locales puede ser difícil. Aún así, para los niños en Green Chimneys, el pronóstico es positivo.

La mayoría de los alumnos son elegibles para el programa “Aprender y Ganar”, donde se les asignan quehaceres en la granja, para trabajar con los animales o cuidar jardines a cambio de un pequeño estipendio.

El trabajo de Xander es alimentar a las cabras y limpiar sus corrales.“Las cabras se ayudan unas a otras”, explicó. “También me ayudan mucho cuando estoy enojado, porque son tan pacíficas”.

The New York Times