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Por Andrew Keh

COPENHAGUE, Dinamarca — Las sentadillas y el levantamiento de pierna eran más difíciles de lo que parecía y después de unas cuantas series, Alfonso Aguirre Rodríguez puso las manos sobre las rodillas e intentó recobrar la compostura.

Aguirre, un jugador profesional de videojuegos de 24 años originario de España, se sumó en noviembre a la alineación de cinco hombres de Origen, un equipo de League of Legends que compite en la liga europea más importante del juego. Ahora, él y sus compañeros de equipo, quienes se ganan la vida sentados frente a computadoras de escritorio, estaban sudando durante una sesión de entrenamiento.

El debate en torno a si los videojugadores competitivos pueden ser considerados atletas quizás nunca acabe. Pero mientras tanto, los videojugadores están actuando cada vez más como ellos.

Origen es uno de dos equipos propiedad de Rfrsh Entertainment, una empresa de deportes electrónicos profesionales con sede en Copenhague. Hace dos años, la organización contrató a Kasper Hvidt, ex capitán de la selección nacional de balonmano de Dinamarca, para que fuera su director deportivo.

En años recientes, los deportes electrónicos se han colado a la cultura popular. Los mejores jugadores profesionales ganan sueldos cuantiosos y obtienen aún más gracias a los patrocinios y los premios en efectivo y, sin embargo, su enfoque al desempeño seguía siendo amateur. La intención de Hvidt era cambiar eso.

El otro equipo de Rfrsh, que compite a nivel internacional en el videojuego de disparos en primera persona Counter-Strike: Global Offensive, tenía casi un año de no ganar un torneo cuando Hvidt ingresó a la organización. En el 2018, el equipo ganó 3.7 millones de dólares en bolsas tras lograr uno de los años más dominantes en cualquier deporte electrónico.

Anteriormente, un día típico de los jugadores de Origen podía haber sido un festín sedentario de bebidas energizantes azucaradas, comida rápida y tensión sin resolver. Ahora, los batidos proteínicos, suplementos vitamínicos, tapetes de yoga y ejercicios de respiración a bajo ritmo son parte de sus días.

El equipo dijo que los efectos de esos cambios son evidentes: después de iniciar la temporada actual con un récord de 1-4, Origen ganó 11 de sus últimos 13 encuentros, terminando la temporada regular en segundo lugar y asegurándose un descanso en la primera ronda de los playoffs.

“Son cosas pequeñas”, comentó Fabian Broich, entrenador asistente de Origen. “Pero se suman y, a largo plazo, se tiene un equipo con mayor estabilidad emocional y mayor concentración”.

En Rfrsh, Hvidt ha armado un equipo de desempeño —un entrenador físico, un psicólogo deportivo, un terapeuta masajista, un médico y un nutriólogo— y creó un plan de estilo de vida que combina ciencia, conocimiento deportivo de la vieja escuela y simple sentido común.

Los jugadores, originarios de cinco países europeos y cuyas edades oscilan entre los 18 y 24 años, viven en Dinamarca y vuelan todos los fines de semana a Berlín, donde se graban los partidos de League of Legends en un estudio frente a un público. En Copenhague, deben desplazarse en bicicleta y tienen clases de entrenamiento físico y yoga durante la semana.

Los jugadores siguen entrenando varias horas al día enfrente de computadoras, pero incluso esas sesiones ahora toman prestados elementos de los deportes tradicionales. Después de un encuentro de práctica, el equipo tendió tapetes de yoga y se estiró sobre rodillos de hule espuma.

Trevor Henry, un comentarista de 31 años de Riot Games, la empresa detrás de League of Legends, quedó maravillado ante la rapidez con la que se estaba profesionalizando el panorama competitivo del juego.

“Hace apenas unos cuantos años, los jugadores profesionales jugaban entre 10 y 11 horas al día y pedían comida a domicilio todos los días”, comentó Henry. “En las habitaciones se apilaban las cajas de pizza. Nadie lavaba la ropa. Voy a ser muy honesto: los equipos no lavaban las camisetas del equipo. Usaban la misma camiseta que habían usado 24 semanas en un año y que nunca había tocado el detergente”.

Este estilo de vida —mitad monje, mitad miembro de fraternidad— no sólo era aceptado, sino también se le hacía alarde como la razón del éxito de los jugadores. Sin embargo, esa percepción está siendo desafiada y en Europa el cambio este año en League of Legends hacia un modelo de franquicia con 10 equipos ha alentado a las organizaciones a hacer más inversiones a largo plazo.

En diciembre, los jugadores pasaron varios días trabajando con Lars Robl, un psicólogo deportivo. Su tarea es ayudar a los videojugadores a verse como atletas élite, como jugadores de futbol.

“Tienen el mismo ADN, simplemente no están aún conscientes de ello”, dijo.

The New York Times