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Por Kirk Semple

CIUDAD JUÁREZ, México — Desde su casa en Honduras, María Magdalena Ferrufino Núñez se enteró de que el nuevo Presidente de México estaba ayudando a los migrantes que iban al norte en busca de una mejor vida.

“Escuché que estaba dando la bienvenida a las caravanas”, dijo Ferrufino Núñez, de 55 años, quien viajó con su hijo hacia Ciudad Juárez, donde vive en un refugio mientras espera la oportunidad de solicitar asilo en Estados Unidos.

Este año, un número récord de migrantes —de Centroamérica, el Caribe y otros lugares— está abrumando a los funcionarios y centros de ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos.

La acumulación de migrantes en México ha sido adjudicada a las restricciones que el Gobierno de Trump ha impuesto al proceso de asilo de Estados Unidos. Pero esta crisis también parece ser responsabilidad, en parte, del Presidente mexicano.

De acuerdo con migrantes, funcionarios locales y expertos, las políticas del Presidente Andrés Manuel López Obrador de México han alentado a más migrantes a dirigirse al norte.
Desde que asumió el puesto en diciembre, las deportaciones se han desplomado y su Administración ha sido más generosa con visas humanitarias y permisos de trabajo.

Con mayores restricciones para entrar a Estados Unidos, el número de migrantes esperando en el lado mexicano de la frontera ha aumentado. Desde Tijuana, en el extremo oeste de la frontera, hasta Matamoros, en el extremo este, miles de migrantes han saturado los refugios y agotan los recursos de emergencia de los gobiernos locales y la sociedad civil.

En Ciudad Juárez, los migrantes comenzaron a llegar en masa a fines del año pasado. Los dos viejos albergues de la Ciudad rápidamente se saturaron. Las iglesias hicieron lugar para colchones, y el gimnasio de una escuela fue transformado en un dormitorio. Ahora hay nueve albergues, y aún no son suficientes para albergar a los nuevos migrantes que llegan a un índice de más de 100 al día, dicen funcionarios locales y estatales.

López Obrador ha hablado repetidamente sobre incorporar más migrantes a la fuerza de trabajo mexicana. En enero, la agencia mexicana de inmigración montó un grupo operativo especial en la frontera sur para expeditar la emisión de visas humanitarias renovables con vigencia de un año.

Sin embargo, después de que más de 13 mil migrantes solicitaron la visa en dos semanas, el Gobierno abruptamente puso fin al programa.

Muchos migrantes que habían solicitado la visa dijeron que tenían la intención de usarla para facilitar su paso a la frontera norte y después poder cruzar a Estados Unidos.

“Escuché que estaban dando un excelente permiso de entrada, por eso llegamos con la idea de cruzar a Estados Unidos”, dijo Donald Tejada, de 28 años, un trabajador hondureño de una plantación de café que solicitó la visa en enero.

La agencia mexicana de migración planea reanudar la emisión de visas humanitarias este mes en el estado sureño de Chiapas. El 31 de marzo, la agencia dijo que también comenzaría a emitir las visas a través de los consulados mexicanos en Guatemala, El Salvador y Honduras a partir de mayo.

Sin embargo, el Gobierno de López Obrador ha estado bajo presión de Trump para ayudar a frenar la migración ilegal hacia Estados Unidos. Y después de una reunión sostenida la semana pasada con funcionarios estadounidenses, Olga Sánchez Cordero, la Secretaria de Gobernación de México, dijo que desplegarán fuerzas de seguridad a lo largo del sur de México para ayudar a controlar la migración.

Los funcionarios del Estado de Chihuahua, donde se ubica Ciudad Juárez, dijeron que han cabildeado al Gobierno federal para obtener dinero con el fin de ayudar a los migrantes. Pero han recibido poca ayuda.

“No tenemos la capacidad para recibir a tantas personas durante tanto tiempo”, dijo Enrique Valenzuela, coordinador del consejo de población del Gobierno de Chihuahua, que supervisa asuntos relacionados con los migrantes. “Ante una situación que no causamos, los costos han sido altos y están aumentando”.

 The New York Times