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Por Declan Walsh

EL CAIRO — Todos los años, durante el mes sagrado del Ramadán, los egipcios se amontonan alrededor de sus televisores para darse un atracón con miniseries de gran presupuesto estelarizadas por los principales actores del País, incluyendo melodramas, programas policiacos y epopeyas históricas.

Sin embargo, la cosecha de programas actualmente en producción para el Ramadán está siendo sometida a controles asfixiantes. Funcionarios del Presidente Abdel Fattah el-Sisi están dictando los libretos y poniendo topes salariales, dijeron actores y directores. Una compañía productora con vínculos militares se ha hecho cargo de algunos de los programas más importantes.

A los realizadores les han dicho que sus historias deben cumplir con temas aprobados, como elogiar al Ejército y la Policía. Aquellos que no sigan las reglas no salen al aire.
“Para Sisi, esto no se trata sólo de política o poder”, dijo Ezzedine Choukri Fishere, escritor y ex diplomático cuyas novelas han sido adaptadas a series televisivas. “Quiere reeducar al público egipcio”.

La represión sobre las telenovelas es el ángulo cultural de una clase extensa e invasiva de autoritarismo que se ha arraigado en el Gobierno de El-Sisi, alcanzando nuevos niveles incluso para un País que, durante décadas, ha sido gobernado por dictadores apoyados por el Ejército.

“Francamente, me sentiría más seguro hablando de política en Damasco que en El Cairo”, dijo Yezid Sayigh, miembro de alto nivel del Centro Carnegie de Medio Oriente en Beirut. La autocracia personalista de El-Sisi, dijo, “intenta dominar el espacio público de manera tan absoluta que nadie se atreve a decir nada, ni siquiera en privado, que pudiera ser considerado disentimiento por los que están en el poder”.

Los programas de entrevistas de la televisión, otrora un fermento de debate estridente, se han vuelto tan predeciblemente pro Gobierno que muchos egipcios ya no los sintonizan.
Luego están las telenovelas.

El-Sisi primero tocó el tema de ellas en el 2017 con un discurso en el que elogió los “principios positivos” de los programas de televisión más antiguos producidos por el Estado, y criticó a las producciones recientes. En los años siguientes, las autoridades estatales empezaron a presionar a los realizadores mediante la censura y la presión discreta.
Pero esta temporada, la intromisión ha creado una crisis en la industria.

Con el Ramadán a menos de un mes de distancia, el número de miniseries actualmente en producción ha sido recortado a la mitad, a unas 12 o 15, declaró un director.

El Egyptian Media Group, compañía con vínculos con el Servicio General de Inteligencia, ha establecido a la dominante compañía productora de televisión y ha comprado varias de las cadenas de televisión más importantes, de acuerdo con Mada Masr, uno de los últimos medios noticiosos independientes que quedan en Egipto.

Un director, hablando con la condición del anonimato, dijo que los guionistas recibieron órdenes de seguir ciertos lineamientos: glorificar al Ejército, atacar a la Hermandad Musulmana y promover los valores familiares conservadores que motivan a los egipcios jóvenes a obedecer a sus mayores.

Los defensores de El-Sisi dicen que Egipto necesita un líder fuerte para proteger al País del caos que ha envuelto a Libia, Siria y Yemen, y para promulgar las muy esperadas reformas económicas. La estabilidad de Egipto ha contribuido a un incremento del 16 por ciento en el turismo en el último año, y el sector energético está prosperando.

The New York Times