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Por Ben Dooley

TOKIO — A la Nidec Corporation le gusta decir que elabora todo lo que “gira y se mueve”, desde los complejos motores que zumban en los discos duros hasta los enormes que se usan en las plataformas petroleras.

En años recientes, las cosas habían marchado bien para la compañía. La demanda global para ingeniería de precisión, sobre todo de China, elevó las ventas de Nidec y otras compañías niponas, lo que ayudó a sacar a Japón, cuya economía llevaba tiempo aletargada, de su abatimiento económico.

Luego las ventas en China se desplomaron en noviembre y diciembre al tiempo que la economía del País se desaceleraba. Nidec, que cuenta con China para alrededor del 40 por ciento de sus ingresos, redujo sus proyecciones de ganancias en más del 25 por ciento.

El renacimiento económico de Japón está en problemas y China comparte algo de culpa. Las exportaciones se han desplomado y las compañías que dependen de China, el vecino de Japón con rápido crecimiento, están reduciendo sus pronósticos de ganancias y contemplan desactivar fábricas.

En combinación con otros problemas –que incluyen un gasto apagado en el País y una sociedad que envejece– la desaceleración de China presenta un reto importante para el Primer Ministro Shinzo Abe y su programa económico, Abenomics, al tiempo que se prepara para una elección nacional este verano.

Se suponía que las propuestas económicas de Abe sacarían a Japón de un bache en el que había caído a principios de los 90. Incluían lo que él llamó las “tres flechas” de Abenomics: incrementar la oferta monetaria de Japón, aumentar el gasto del Gobierno y solucionar problemas que disuadían a las compañías de contratar e invertir.

Inyectar dinero a la economía de Japón brindó la solución más rápida. El banco central comenzó a imprimir más yenes en el 2013. El valor de la divisa descendió, lo que hizo que las exportaciones japonesas fueran más atractivas para los compradores extranjeros.

Sin embargo, la política de dinero fácil hizo poco para ayudar en otras partes de la economía. Problemas de mucho tiempo como la deflación, la burocracia y una población en contracción sumaron fricción al crecimiento del País.

Japón tiene el nivel de deuda más alto en el mundo industrializado, así que encontrar dinero para gastar puede ser difícil. Abe ha presionado desde hace mucho a favor de un incremento del 10 por ciento en el impuesto al consumo para ayudar a financiar el gasto público.

Pero después de que un primer incremento en el 2014, del 5 al 8 por ciento, sacudió a la economía, el Gobierno ha aplazado la segunda ronda en dos ocasiones. Aún así, Abe está comprometido con la decisión. Los economistas dicen que no le quedan muchas opciones.

Eso significa que el crecimiento futuro de Japón podría depender de China.

Beijing ha prometido enfocarse en la creación de empleos, puso más dinero a disposición de sus bancos controlados por el Estado para que otorguen préstamos y prometió reducir impuestos y la burocracia. Sin embargo, el Gobierno disminuyó su objetivo de crecimiento para el 2019.

La decisión del Presidente Donald J. Trump de imponer aranceles contra China ha ejercido presión sobre compañías japonesas con manufactura en dicho País.

La guerra comercial, dijo Shinichiro Kobayashi, economista en Mitsubishi UFJ Financial Group, es “el riesgo más grande para la economía de Japón”.

 The New York Times