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Las cascadas son furiosas caídas de agua que en ocasiones dejan hendiduras en los paisajes donde fluyen al obedecer las demandas de la gravedad. Desde la centellante Skógafoss de Islandia hasta la familia de cascadas en Milford Sound en Nueva Zelanda, son los grandes espectáculos acuáticos del mundo natural.

Existe la suposición desde hace mucho tiempo de que las cascadas sólo pueden formarse cuando otras fuerzas naturales lo permiten. El movimiento tectónico de rocas, las alteraciones en el nivel del mar, el cambio de una piedra resistente a una más fácilmente erosionable son formas en que se cree que las fuerzas externas influyen en dónde se forman las cascadas.

Sin embargo, al construir un río a menor escala en el laboratorio, los investigadores han demostrado que las cascadas en ocasiones pueden crearse sin ayuda externa.

Al comprender mejor cómo pueden formarse las caídas de agua, el nuevo estudio puede impulsar a los científicos a reconsiderar cómo tomó forma nuestro planeta, y ayudarlos a visualizar el tiempo geológico remoto con mayor precisión.

Para investigar cómo se forman las cascadas, los investigadores construyeron un canal de 8 metros de longitud, 30 centímetros de ancho y un metro de profundidad en un laboratorio en el Instituto Tecnológico de California.

Lo llenaron de un lecho de hule espuma, le dieron una inclinación de 20 grados y dejaron que agua rica en sedimentos fluyera por su superficie. Al utilizar un lecho de río hecho de hule espuma en lugar de piedra auténtica, los científicos pudieron observar milenios de erosión ocurrir con mayor rapidez.

El flujo turbulento del “río” descendiendo por una ladera inclinada empezó a hacer surcos en partes del lecho del río. Eso sucedió de manera desigual, con algunas partes presentando erosión más rápidamente que otras, y la erosión desigual se vio amplificada al tiempo que el río continuaba fluyendo rápidamente.

Con el tiempo, sin cambios propiciados externamente a la carga de sedimentos, el índice de flujo, la forma subyacente del canal o cualquier otro, se formó un pozo profundo de erosión, que causó que el río saliera disparado de una sección más alta del lecho del río y cayera, salpicando, a cierta distancia.

Había aparecido una cascada, enteramente sola.

Al atribuir incorrectamente la formación de cascadas a fuerzas externas, los científicos podrían estar “derivando señales climáticas o tectónicas erróneas”, dijo Kate leary, geomorfóloga fluvial en la Universidad de California, en Santa Barbara.

“Desarrollar una forma de discernir las cascadas autoformadas de las creadas gracias a fuerzas externas podría ser muy benéfico para extraer estas señales en panoramas tectónicamente activas”, afirmó.

Joel Scheingross, profesor en la Universidad de Nevada, en Reno, y el autor principal del estudio, dijo que parece ser que la génesis de las cascadas “es un asunto más complicado que lo que originalmente se pensó”.

The New York Times