• |
  • |

En una esquirla de arqueología galáctica que ofrece una pista poco alentadora de nuestro propio futuro, los astrónomos han descubierto un trozo de un antiguo planeta orbitando los restos de su antigua estrella, ahora una enana blanca.

El fragmento, compuesto principalmente de hierro, níquel y otros metales, se encuentra a 410 años luz de la Tierra, en la constelación de Virgo. Podría tener uno o cientos de kilómetros de diámetro, pero para ser tan denso como para haber sobrevivido al explosivo colapso y posterior evolución de su estrella anfitriona, probablemente haya sido parte de un planeta grande con una órbita más amplia y distante. Ahora circunda a la enana blanca tan cerca que completa una órbita cada 123 minutos.

“El hecho de que hayamos descubierto un cuerpo orbitando en un período de dos horas es una prueba clara de que un cuerpo planetario puede sobrevivir este proceso destructivo”, dijo Christopher Manser, físico en la Universidad de Warwick, en Inglaterra.

Una enana blanca es el producto final que queda cuando una estrella tan grande como el Sol o ligeramente más grande se queda sin combustible, expira y finalmente se encoge en una brasa densa del tamaño de la Tierra.

Sin embargo, en el proceso de morir, estas estrellas se inflan hasta convertirse en las llamadas gigantes rojas, envolviendo y destruyendo sus planetas interiores. Cuando esto le ocurra a nuestro Sol, dentro de 5 o 6 mil millones de años, incinerará todo dentro de la órbita de Marte y probablemente alterará las órbitas de planetas más lejanos.

No hay probabilidad alguna de que la vida en este planeta sobreviva al evento, y no hay forma de saber si el objeto físico ahora conocido como Tierra persistirá o será arrastrado a su destrucción.

El fragmento planetario recién descubierto se encuentra a sólo 515 mil kilómetros de la enana blanca. “Así que si el Sol estuviera posicionado donde está la enana blanca, el planetesimal estaría orbitando dentro del Sol”, dijo Manser.

Se calcula que la estrella original era casi el doble de masiva que el Sol, y que explotó hace unos 100 millones de años, dijo Manser.

Manser, junto con Boris Gänsicke, también en la Universidad de Warwick, ha estado estudiando el disco alrededor de una enana blanca conocida como SDSS J122859.93+10432.9. Es una de un puñado de enanas blancas que se sabe están rodeadas por discos de escombros.

Dentro de los escombros en órbita, los investigadores notaron un objeto sólido rociando una cola de gas tipo cometa. El objeto, un denso trozo de metal, probablemente era un remanente del núcleo de un planeta, dijo Gänsicke. “Si esto es correcto, el cuerpo original tenía al menos cientos de kilómetros de diámetro”.

Es sólo el segundo remanente sólido de un planeta que ha sido descubierto orbitando a una enana blanca. Y marca la primera vez que se identifica un objeto de este tipo espectroscópicamente, mediante el análisis de la luz emitida por el gas en su “cola”.

Fue una sorpresa, dijo Manser. Se tenía entendido que esos discos de escombros eran los restos de un cuerpo pequeño, como un asteroide o un cometa, que se había acercado a la enana blanca y había sido desgarrado por fuerzas de marea.

El fragmento encontrado tendría que ser de metal sólido, tal vez hierro, para haber resistido el estiramiento de marea, dijo Manser. Pero ahora orbita demasiado cerca de la enana blanca como para que en ella exista vida como la conocemos.

Tampoco hay mejores noticias en otros lados alrededor de la enana blanca. Pueden existir otros planetas, orbitando más lejos, pero la estrella es ahora demasiado débil para brindar sustento a tal distancia. “Es poco probable que el sistema sea habitable”, dijo Manser.

El descubrimiento podría arrojar más luz sobre qué tipo de cuerpo planetario fue alguna vez, que pudo soportar el abrazo de la pared de fuego de una estrella en expansión. Si un fragmento puede sobrevivir a un alto horno solar, tal vez algún pedazo de nuestro planeta también pueda.

“Tenemos confianza en que descubriremos más planetesimales orbitando enanas blancas, lo que nos permitirá aprender más sobre sus propiedades generales”, dijo Manser.

The New York Times