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En marzo, 41 científicos publicaron el primer análisis mundial de un brote micótico que tiene décadas de aniquilar a ranas. La devastación resulta ser mucho peor de lo que se había percibido anteriormente.

Escribiendo en la revista Science, los investigadores concluyen que poblaciones de más de 500 especies de anfibios han sufrido descensos significativos debido al brote —incluyendo al menos 90 especies que se asume que han quedado extintas. La cifra es dos veces mayor que cálculos anteriores.

“Eso es bastante sísmico”, dijo Wendy Palen, bióloga en la Universidad Simon Fraser, en Columbia Británica, quien es coautora de un comentario que acompaña al estudio. “Ahora se gana el apodo del patógeno más mortal conocido por la ciencia”.

Los científicos notaron por primera vez en los 70 que algunas poblaciones de ranas disminuían con rapidez; para los 80, algunas especies parecían haberse extinguido, las pérdidas eran desconcertantes, porque las ranas vivían en hábitats vírgenes.

A fines de los 90, los investigadores descubrieron que ranas en Australia y Panamá estaban infectadas con un hongo mortal, al que bautizaron como Batrachochytrium dendrobatidis —Bd, para abreviar.

Estudios de ADN sugieren que se originó en la Península de Corea. En Asia, los anfibios parecen ser inmunes al Bd, pero cuando llegó a otras partes del mundo —probablemente a través del comercio de anfibios como mascotas— alcanzó a cientos de especies vulnerables.

El hongo invade las células de la piel y se multiplica. La piel de una rana infectada comenzará a descarapelarse.

Antes de morir, una rana podría lograr saltar a un estanque nuevo, con lo que propagaría todavía más el hongo.

“Sabíamos que ranas estaban muriendo en todo el mundo, pero nadie se había remontado al inicio y evaluado realmente cuál era el impacto”, dijo Benjamin Scheele, ecologista en la Universidad Nacional Australiana y autor principal del nuevo estudio.

En el 2015, su equipo reunió datos de más de mil investigaciones publicadas sobre Bd y viajó por todo el mundo para reunirse con expertos. También analizó datos de museos, donde científicos encontraron ADN de Bd embebido en especímenes preservados.

El equipo de Scheele identificó 501 especies en declive. La aniquilación de ranas llegó a su punto máximo en los 80, descubrió, una década antes de que se descubriera el Bd. Hoy, el 39 por ciento de las especies que sufrieron declives siguen a la baja. Un 12 por ciento muestra indicios de recuperación, posiblemente debido a que la selección natural favorece a los animales resistentes.

Pero todavía hay muchos motivos para preocuparse por brotes futuros. El Bd no ha llegado aún a Nueva Guinea, hogar de una riqueza de especies de anfibios que no son encontrados en ningún otro lugar del planeta. Si una rana infectada con Bd llegara ahí, el hongo tendría un inmenso número de huéspedes vulnerables a los cuales atacar.

La pérdida de las ranas puede alterar ecosistemas enteros. Sin renacuajos que devoren algas, las proliferaciones podrían sofocar arroyos. Sin ranas que coman insectos, algunas especies portadoras de enfermedades podrían volverse más comunes. Aves y otros depredadores que comen ranas tienen que encontrar alternativas.

Los científicos ni siquiera están confiados sobre las especies que han salido intactas del ataque de Bd. Otra cepa de Bd, o algún hongo totalmente diferente, podría demostrar ser todavía más mortal.

“Simplemente es una ruleta rusa, con patógenos que se mueven por todo el mundo”, dijo Scheele.

The New York Times