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Por Declan Walsh

EL CAIRO — Un viaje a las pirámides de Giza iba a ser un suceso inolvidable de las vacaciones en Egipto de Noémi Haszon. Pero minutos más tarde, la turista húngara se refugió en su autobús turístico, impactada por lo que había atestiguado.

Dentro del complejo de las pirámides, caballos esqueléticos se esforzaban mientras tiraban carretas cargados con turistas por una cuesta empinada. Los conductores los azotaban para que avanzaran más rápido.

Algunos caballos tropezaban en la superficie lisa de asfalto. Otros tenían heridas abiertas. Pese al calor del verano, no había suministro de agua.
“Me quedé en shock”, recordó Haszon.

Durante años, el sentido de asombro experimentado por los visitantes en los grandiosos sitios de Egipto, como las pirámides de Giza o el Valle de los Reyes en Luxor, ha sido arruinado por las escenas de crueldad hacia los animales que trabajan allí.

En indignados posts en Facebook o en correos electrónicos a grupos egipcios de derechos de los animales, han descrito a caballos que se desploman, camellos enfermizos y mulas esqueléticas. Un bullicioso mercado de camellos afuera de El Cairo, donde los turistas pagan por tomarse fotos, se distingue por las golpizas a camellos y animales con caras ensangrentadas.

Los hospitales veterinarios en El Cairo brindan atención a un flujo constante de animales de trabajo enfermos, desnutridos o golpeados.

Ahora la organización Personas por el Trato Ético de los Animales, o PETA por sus siglas en inglés, está apelando a los turistas para que boicoteen a todos los animales de trabajo en los principales sitios turísticos de Egipto. Después de solicitar ayuda infructuosamente del Ministerio de Turismo de Egipto, el grupo ha dado a conocer imágenes de caballos y camellos maltratados para fomentar el apoyo internacional.

“Abusos así no tienen cabida en el turismo moderno”, dijo Ashley Fruno, funcionaria de PETA.

Pero qué constituye turismo ético en un país empobrecido como Egipto es materia de debate, incluso entre los grupos de derechos de los animales. Los paseos en animales proporcionan sustento para miles de familias egipcias, y algunos grupos argumentan que es mejor reformar sus métodos abusivos más que evitarlos.

Y los dueños insisten en que tratan bien a sus animales y que no deberían ser penalizados por las fechorías de otros.

Ahmed Kamel ofrece paseos en carreta alrededor de las pirámides por 9 dólares. En una tarde reciente, dio una palmadita a su caballo.

Definitivamente, dijo, algunos dueños era abusivos: “trabajan en la mañana, luego se van a beber en la tarde. No se preocupan por nada”. Pero, añadió, “yo tengo que cuidar de mi familia. Si ustedes nos sacan, ¿qué haremos?”.

En el Hospital Brooke para Animales en el distrito Syeda Zainab de El Cairo, el veterinario Mohammed Hammad abrió la puerta de un establo para mostrar un caballo flaco con caderas sobresalientes y una gran herida en el trasero.

En vez de dar la espalda a los dueños, Brooke trata de convencerlos de comportarse mejor al apelar a sus bolsillos.
Hammad apuntó hacia otro caballo enfermo. “Le dije al dueño que si se cura rápido, entonces volverá a trabajar”, comentó. “Y si no hacemos nada, morirá y no valdrá nada”.

En Hungría, Haszon inició una petición en línea solicitando a Egipto que evite la crueldad hacia los animales de trabajo. Para mediados de abril, casi 50 mil personas la habían firmado.
“Esta área es un infierno para los camellos y caballos de carretas”, escribió. “Debe ponerse un alto a este horror ya”.

 The New York Times