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Por Jeffrey Gettleman

ISLAMABAD, Pakistán — Su País casi se enfrascó en guerra con un vecino enemigo seis y medio veces más grande. Milicianos acechan en escuelas religiosas y en las zonas rurales.

Y con la inflación por las nubes y la deuda al alza, su equipo de finanzas anda como loco, desesperado por asegurar un paquete de rescate financiero de miles de millones de dólares para evitar el colapso económico.

Sin embargo, Imran Khan, el Primer Ministro de Pakistán, aparentemente se siente seguro de sus primeros ocho meses en el cargo.

“Hemos decidido, por el futuro de nuestro País —olvídense de la presión externa— que ya no permitiremos que operen las milicias armadas”, dijo a principios de mes.

“Las creó el Ejército de Pakistán”, señaló, en referencia a los 80, cuando Pakistán y EU apoyaron a insurgentes musulmanes en Afganistán contra fuerzas soviéticas. Pero, agregó, “estos grupos ya no tienen sentido”.

Khan, de 66 años, ha luchado por corregir el rumbo de la economía y hacer que las fuerzas de seguridad tomen medidas enérgicas contra los grupos milicianos que se refugian en Pakistán. Prometió que esta nueva ofensiva iría mucho más a fondo que las anteriores.

Un grupo internacional de vigilancia está a punto de incluir a Pakistán en una lista negra y sancionarlo. De suceder así, Pakistán enfrentaría mayores dificultades para obtener los rescates financieros y préstamos que ha buscado.

No obstante, Khan también ha sido elogiado por su conducta aparentemente sensata y digna de un estadista durante una reciente crisis con India, que él ayudó a aminorar al liberar a un piloto indio capturado y enfatizar la paz. Parecía estar consciente de que lo último que necesita Pakistán es una guerra.

Pakistán e India han sido enemigos acérrimos desde 1947, cuando Gran Bretaña descolonizó el subcontinente indio y creó dos naciones: la India predominantemente hindú y el Pakistán de mayoría musulmana. Los dos han estado en guerra varias veces.

Pero en este caso, luego de que las fuerzas paquistaníes derribaron un jet caza indio y capturaron al piloto, Khan y el Ejército acordaron que la mejor respuesta era liberar al piloto, lo que alivió las tensiones.

Ahora, Khan nuevamente lidia con la economía. Pakistán tiene años de luchar con alto desempleo, índices extremadamente bajos de recaudación fiscal, corrupción desmedida y exportaciones bajas.

El Primer Ministro adjudica los problemas económicos del País a sus antecesores. “La élite gobernante no se puede estar apropiando de dinero y llevándolo al extranjero”, aseveró. “Si no los haces rendir cuentas, el País no tiene futuro”. 

Con reservas internacionales apenas suficientes para cubrir las facturas mensuales de importaciones del País, el Gobierno de Khan sabe que necesita un rescate cuantioso del Fondo Monetario Internacional, pero eso a menudo llega con dolorosas condiciones de austeridad. Su equipo financiero promete que se anunciará un trato en las próximas semanas.

En las calles, crece el descontento. La gente se queja de los precios al alza. Khan está tratando de frenar la demanda para evitar que el déficit comercial aumente aún más.
No obstante, aseguró Khan, “mi primera prioridad es sacar a 100 millones de personas de la pobreza”.

Algunos analistas paquistaníes afirman que la prioridad de Khan es genuina, pero cuestionan cómo podrá costearla.

“Tengo mucho tiempo de ser muy consistente en mis críticas al Primer Ministro”, dijo Mosharraf Zaidi, un columnista de periódico. “Algo por lo que no puedo criticarlo es el propósito central por el que está en la vida pública: la compasión”.

 The New York Times