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Por Perri Klass

“Tendemos a creer que los alteradores hormonales son una cuestión de madre y bebé”, dijo Leonardo Trasande, jefe de pediatría ambiental en la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York. “Pero literalmente, puede ser una cuestión de vida o muerte para personas que ni siquiera están tratando de tener familia”.

Hay evidencia importante de que varios tipos de químicos pueden interferir de distintas maneras con las hormonas que nuestros cuerpos usan como mensajeras para todo, desde madurez sexual y fertilidad hasta cómo manejamos el apetito y el almacenamiento de grasa.

Se ha acumulado evidencia de que estas sustancias pueden cambiar la manera en que se desarrollan los cuerpos, comenzando a una edad muy temprana.
“También estamos analizando cada vez más no sólo la exposición en el embarazo, sino antes de la concepción, lo que es muy interesante”, dijo Trasande.

Entre las cuatro categorías de químicos particularmente preocupantes figuran los pesticidas, que pueden contaminar nuestros productos agrícolas; los ftalatos, usados en productos de cuidado personal y empaques de comida; los bisfenoles, que se hallan en el recubrimiento de latas de aluminio; y los retardadores de llamas.

Trasande, autor de “Sicker, Fatter, Poorer: the Urgent Threat of Hormone-Disrupting Chemicals to Our Health and Future... and What We Can Do About It”, sugirió evitar alimentos muy empacados, enlatados o procesados, y envases de plástico marcados en la parte inferior con 3, 6 o 7.

Los plásticos con un 3 son preocupantes por su contenido de ftalatos, que inhiben las hormonas sexuales masculinas y trastocan el metabolismo, explicó. Un número 6 denota estireno, un conocido agente cancerígeno. Los plásticos con un 7 contienen bisfenol, que se ha mostrado que está relacionado con la obesidad.

“Coman menos alimentos procesados”, dijo Manish Arora, profesor de medicina ambiental en la Escuela Icahn de Medicina en el Hospital Monte Sinaí, en Nueva York.

“Es casi como si los productos son lanzados y luego ocurre un proceso lento y engorroso para ver si son nocivos”, dijo Arora. Pueden transcurrir décadas antes de que concluya ese proceso, y en el ínter, “toda una generación ha sido expuesta durante los años formativos”.

Éste fue el caso con el plomo, que se hallaba en tantos entornos infantiles, desde pintura hasta emisiones automotrices, y gradualmente se entendió que era peligroso, incluso a niveles que se creían que eran seguros.

Arora también apuntó a la importancia de mantener alejados a los niños de productos de limpieza del hogar, que pueden contener “químicos realmente dañinos”, y optar por productos con menos químicos. 

“Al igual que mucha gente hoy, uso productos hechos en casa para limpieza regular en áreas que no están demasiado sucias, como limón, bicarbonato y vinagre blanco”, señaló.

 The New York Times