•  |
  •  |

Por David M. Halbfinger y Miriam Berger

NAPLUSA, Cisjordania — Dina Teeti, de 23 años, trata de desconectarse de la política. Pero recientemente, cuando el Primer Ministro Benjamin Netanyahu dijo que planeaba empezar a anexar partes de Cisjordania, le preguntó a su padre, “¿qué sucederá con nosotros?”.

Hasan Teeti siempre había creído que un Estado palestino se volvería una realidad. Pero ahora, incluso él se ha dado por vencido.

“Siempre hemos vivido con esperanza”, afirmó Teeti, de 57 años, quien junto con su hija opera un negocio de planeación de bodas. “En nuestro trabajo, tratamos de crear momentos de felicidad”. Pero el sentimiento es que “no hay luz al final del túnel”, agregó.

A Cisjordania la inunda esa desesperanza.

Los palestinos han querido sacudirse el dominio israelí desde que Cisjordania fue ocupada por primera vez en la Guerra Árabe-Israelí de 1967. Han esperado que el proceso de paz encabezado por EU les brinde su propio Estado.

La victoria de Netanyahu en las elecciones ha promovido a una solución de dos Estados mucho más allá del horizonte distante, donde existía en las mentes de los palestinos.

La gente en Cisjordania que ha tomado las armas, ido a prisión o pasado sus vidas esperando la autodeterminación se pregunta si acaso todo fue en vano. En ningún lugar es más emotiva la conversación que en familias y a través de generaciones, entre jóvenes adultos, quienes han conocido sólo las restricciones que trajo el proceso de paz, y sus padres, quienes creyeron que esas redituarían en la categoría de Estado.

El derrotismo no se escucha a menudo entre los palestinos. Pero en Hizma, una aldea cerca de Jerusalén rodeada de asentamientos judíos, Jahd Abu Helew, de 42 años, ha empezado a contemplar lo que significaría para sus cinco hijos renunciar a un Estado.

Lo que alguna vez creyó que llevaría a la independencia se ha convertido en una vida de retenes y cierres.

“Los años antes de la llegada de la AP fueron mejores”, afirmó sobre la Autoridad Palestina, que ha gobernado partes de Cisjordania desde 1995. Antes de eso, los residentes aún estaban bajo ocupación israelí, pero se movían con mayor libertad.

Su madre, Najah, de 61 años, aceptaría vivir bajo soberanía israelí con igualdad de derechos. Al menos sería una vida “normal”.

Jamal Zakout, de 61 años, dice que pasó 40 años trabajando por una solución de dos Estados. Su hijo, Majd, de 31 años, dijo que eso fue un error. Majd está concluyendo sus estudios de Derecho en Toronto. Jamal está semirretirado y vive en Ramallah, donde, a mediados de la década del 2000, fungió como asesor del entonces Primer Ministro de la Autoridad Palestina, Salam Fayyad.

Jamal estudió por qué algunos jóvenes palestinos perpetraron ataques con arma blanca en el 2015 y el 2016. “La mayoría siente que nadie está protegiendo su dignidad”, explicó.
No obstante, Zakout no se ha rendido. “Israel y la sociedad israelí deberían defender su futuro de la solución de un Estado —del apartheid”, dijo.

Majd Zakout considera que es “cómico” que los palestinos estén reaccionando tan enérgicamente al término “anexión” utilizado por Netanyahu. “No ha dicho o hecho nada que no lleve un tiempo de ser una realidad de facto aquí”, señaló.

Los hermanos Rameh y Rand Musmar provienen de una familia de patriotas. Su abuelo y su padre lucharon contra Israel. Rameh, de 31 años, solía ser un combatiente en el ala armada de Fatah. Fue encarcelado durante tres años y liberado en el 2008. Renunció a Fatah en el 2012. Él y su hermano están desilusionados.

“La mayoría de la gente en mi familia, ven a Oslo como moribundo, acabado”, dijo sobre el proceso de paz de Oslo, que inició en 1993 y concibió un acuerdo de tierras a cambio de paz.
“Deberíamos hacer las paces. Eso es todo. Nos estamos mintiendo a nosotros mismos, y ellos también están mintiendo. Ellos están mintiendo sobre la historia y nosotros estamos mintiendo sobre la realidad”, dijo Rand, de 35 años e ingeniero.

Dina Teeti no sabía de lo que se estaba perdiendo, al crecer en territorio palestino, hasta que llegó a Detroit como estudiante y se trasladó a Toledo, Ohio, sin la “humillación” de un solo retén.

Hasan Teeti está despertando al fracaso del proceso de paz. “Nadie quiere volver a la época de la intifada”, dice sobre los levantamientos palestinos hace dos décadas. Pero cuando la vida y la esperanza están restringidas, empuja a la gente en esa dirección.

¿Qué sucederá después de que muera o renuncie Mahmoud Abbas, el Presidente octogenario de la Autoridad Palestina? ¿Qué pasará si el plan tan anticipado de la Administración Trump sólo refuerza el dominio israelí de Cisjordania?

“Habrá un baño de sangre”, expresó Teeti con voz suave.

 The New York Times