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Por Weiyi Cai y Simone Landon

En un manifiesto subido en línea antes del ataque, el hombre acusado de matar a 50 personas en marzo en dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, dijo haber sacado inspiración de ataques terroristas perpetrados por extremistas blancos en Noruega, Estados Unidos, Italia, Suecia y el Reino Unido.

Sus referencias a esos ataques lo colocaron en una red global informal de extremistas blancos cuyos ataques violentos están ocurriendo con mayor frecuencia en Occidente.
Un análisis realizado por The new York Times de ataques terroristas recientes encontró que por lo menos un tercio de los asesinos extremistas blancos desde el 2011 fueron inspirados por otros que realizaron ataques similares, profesaron una veneración hacia ellos o mostraron un interés en sus tácticas.

Las conexiones entre los asesinos abarcan continentes y subrayan cómo el internet y los medios sociales han facilitado la propagación de ideología y violencia supremacista blanca.
En un caso, un tirador de escuela en Nuevo México mantuvo correspondencia con un gatillero que atacó un centro comercial en Munich. En total, mataron a 11 personas.

Un objeto de fascinación para el asesino de Christchurch y por lo menos cuatro extremistas blancos más fue Anders Behring Breivik, el extremista de extrema derecha que mató a 77 personas en un ataque de bomba y disparos masivos en Noruega en el 2011.

El extenso manifiesto de Breivik ofreció una letanía de quejas respecto a la inmigración y el islam —y los ataques se convirtieron en un modelo para los futuros.

“Creo que Breivik fue un punto de inflexión, porque como que él fue algo así como una prueba de concepto de lo mucho que podría lograr una sola persona”, dijo J.M. Berger, autor del libro “Extremism” y miembro investigador de VOX-Pol, una iniciativa académica europea para estudiar el extremismo en línea.

“Asesinó a tantas personas a la vez operando solo, que realmente levantó una nueva barra en cuanto a lo que una sola persona puede hacer”, dijo.

Poco después de la masacre en Noruega, un prominente supremacista blanco estadounidense llamado Frazier Glenn Miller escribió en un foto supremacista blanco que Breivik había “inspirado a la acción a jóvenes arios”. Unos cuantos años después, Miller disparó en una casa de reposo y centro comunitario judío en Kansas, matando a tres personas.

Breivik no fue el único asesino en masa en inspirar a imitadores. El sospechoso de Christchurch también le rindió tributo a un hombre canadiense que disparó dentro de una mezquita en la Ciudad de Quebec en el 2017, escribiendo su nombre en una de las armas usadas en el ataque.

Ese tirador canadiense leyó exhaustivamente sobre Dylann Roof, el estadounidense que mató a nueve feligreses en una iglesia de raza negra en Carolina del Sur en el 2015.
Todos estos ataques ocurrieron entre una oleada de terrorismo de supremacía blanca y xenofobia en Occidente que con frecuencia ha convertido a los musulmanes, inmigrantes y otros grupos minoritarios en blanco, halló el análisis de The Times.

El análisis estuvo basado en datos de la Base de Datos Global sobre Terrorismo, e identificó casi 350 ataques extremistas blancos en Europa, Norteamérica y Australia del 2011 al 2017, el año más reciente de datos disponibles. The Times también examinó datos preliminares de ataques en Estados Unidos en el 2018.

La base de datos es un proyecto del Consorcio Nacional para el Estudio de Terrorismo y Respuestas al Terrorismo en la Universidad de Maryland.

En este periodo, el extremismo blanco —un término que abarca las ideologías nacionalista blanco, supremacista blanco, neo nazi, xenofóbico, anti musulmán y anti semítica— compuso alrededor del 8 por ciento de todos los ataques en estas regiones y alrededor de un tercio de los perpetrados en EU.

Erin Miller, quien administra la base de datos, dijo que el incremento en el terrorismo extremista blanco se da a la par con un aumento en los crímenes de odio y los episodios de prejuicios en Occidente y que los ataques mortales están ocurriendo con mayor frecuencia.

“Con frecuencia se enmarca al terrorismo de la extrema derecha o el terrorismo nacional como ‘terrorismo light’ y no tan serio”, dijo. “Es una cuestión interesante, en vista de que los ataques de extrema derecha pueden ser bastante devastadores”.

La masacre de los fieles en dos mezquitas en Christchurch el 15 de marzo —el tiroteo más mortal en la historia moderna de Nueva Zelanda— ayudó a poner en relieve la naturaleza global del extremismo blanco. El gatillero acusado es un australiano que dijo haber sido radicalizado durante sus viajes en Europa y diseñó su ataque para atraer a un público estadounidense.

Los expertos dicen que los mismos motivos amplios están presentes, sea cual sea el blanco: los atacantes sienten que su posición privilegiada en Occidente está bajo ataque por parte de inmigrantes, musulmanes y otras minorías religiosas y raciales.

La diferencia ahora es que es más fácil que nunca para los extremistas ponerse en contacto dentro de su propio país y entre continentes, de acuerdo con Berger. El punto de entrada para la radicalización es menos estrecho que durante olas anteriores de acción supremacista blanca, cuando encontrar a similares ideológicos típicamente requería verse en persona.

“Esta es una ola particularmente fuerte y yo creo que está siendo alimentada por muchos sucesos políticos y también por la clase de tejido conectivo que obtienes de internet que no estaba allí antes que realmente está facilitando que grupos sean influenciados y se coordinen, o no necesariamente se coordinen, pero se sincronicen a través de grandes distancias geográficas”, dijo Berger.

Heidi Beirich, directora del Proyecto Inteligencia en el Centro de Leyes de Pobreza Sureña, una organización que lucha contra las injusticias raciales y sociales en Estados Unidos, dijo que en vista de estos vínculos internacionales, es importante reconsiderar la naturaleza de la amenaza. “Concebimos este problema como nacional, pero no es así”, dijo.

El reto para las agencias de imposición de la ley será deshacerse de un enfoque en ocasiones miope sobre el extremismo islámico como el único impulsor del terrorismo internacional.

También podría requerir un replanteamiento del marco legal respecto a qué constituye terrorismo: desde violencia que surge de una estructura de control y mando hasta una definición menos estricta que pueda abarcar un rango más extenso de actores violentos que comparten una ideología en común.

“No se consideran estadounidenses o canadienses, de manera muy similar a como el asesino de Christchurch no se veía como australiano. Él se consideraba parte de una colectiva blanca”, dijo Beirich.

“Nunca ha sido el caso de que estas personas no piensen de manera global”, dijo. “Podrán haber actuado de maneras que parecían nacionales, pero el pensamiento siempre tuvo que ver con construir un movimiento blanco internacional”.

 The New York Times