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Por Bradley Berman

WILLOWS, California — En un fin de semana lluvioso a fines de marzo, Jose Rojas y Faraz Khan tenían la esperanza de que un Kia Soul eléctrico los llevaría a un hito en las carreras. Se ajustaron sus cascos, arrancaron sus laptops y se dirigieron a la pista en el Thunderhill Raceway.

Tras el volante en la línea de salida, Khan miraba fijamente la pantalla de su laptop. Soltaron una carcajada nerviosa mientras Rojas iniciaba los controles autónomos del vehículo. Khan y Rojas, ambos ingenieros de software, han estado dedicando las noches y los fines de semana a hackear el Kia.

Se cuentan entre una comunidad de quizá 50 ingenieros y aficionados independientes que abren los tableros de los vehículos y unen cables para convertir autos en robots.

En este circuito sinuoso de 3.4 kilómetros normalmente se escucha el rugido de los autos deportivos. Sin embargo, este día, el paddock ronroneaba con autos híbridos y eléctricos apacibles. Varias docenas de entusiastas estaban allí para la cuarta edición de Self Racing Cars —un evento anual de pista abierta en el que vehículos autónomos compiten contrarreloj.

Por ahora, la promesa de los vehículos autónomos a menudo supera la realidad. Joshua Schachter, un emprendedor del Valle del Silicio y piloto amateur de carreras, inició Self Racing Cars porque sabe que la conducción automatizada es peligrosa en las calles reales.

Su evento lo simplifica: ¿quién puede registrar la vuelta más rápida?

Khan y Rojas bautizaron su proyecto OpenCaret, y utilizan laptops y tarjetas Arduino —una plataforma de microcontroladores de fuente abierta— para engañar al auto y hacer que funcione como si estuviera siendo conducido por una persona.

En su primera vuelta, el Kia Soul apenas logró sortear la primera curva en Thunderhill antes de que el volante virara totalmente a la derecha, totalmente a la izquierda y de regreso.
El evento este año fue como un club de computación casero. Sólo compitieron cuatro equipos, en su mayoría pequeños proyectos independientes. 

Se incorporó un Tesla Modelo X. No fue un participante oficial, pero pertenece a Andrew Navarro, miembro de Team Soulless. Navarro trabaja en Polysync, una compañía en Oregon que fabrica hardware y software para ayudar a controlar digitalmente la dirección, los frenos y el ahogador.

En las primeras curvas, el SUV Modelo X no lo dejaba activar el Piloto Automático. El sistema de visión no está diseñado para una pista, así que el vehículo no podía encontrar las marcas indicadoras de los carriles y otros objetos que esperaba ver.

Al fin se activó el Piloto Automático, pero el vehículo se acercó demasiado a la orilla de la pista y dejó de funcionar.

Si el Piloto Automático de Tesla no pudo lograrlo, no había mucha esperanza para Khan y Rojas de OpenCaret, los otros autos de Team Soulless o Qibus (una compañía creada tres semanas antes).

Sin embargo, un hatchback Lexus CT 200h híbrido rojo de Point One Navigation daba vueltas a toda velocidad solo por la pista. (Los equipos tienen un ingeniero al volante, sólo por si acaso).

La tecnología autónoma enfrenta muchos obstáculos. Point One se enfoca en un solo elemento crucial: saber precisamente dónde está el vehículo en el camino. La piedra angular de su sistema son dispositivos de monitoreo GPS dispersos por todo EU.

Las cajas analizan errores en comunicaciones satelitales ocasionadas por interferencia atmosférica y transmiten correcciones al vehículo vía señal celular. La tecnología puede señalar la ubicación de un auto con una precisión de la mitad del ancho de una llanta.

Point One fue el único equipo este año en completar una vuelta autónoma, imponiendo un récord para el evento con un tiempo de 2 minutos 6 segundos. Pero la ventaja de su tecnología desaparecería con múltiples autos corriendo al mismo tiempo.

 The New York Times