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Por Carolyn Shapiro

GLOVER, Vermont — El pórtico del granero ruinoso que alberga The Museum of Everyday Life, o Museo de la Vida Cotidiana, luce como una colección de basura.

Sí es una colección de basura, pero llena de propósito. Esta exhibición, titulada “New England Barns Found Objects Collection: An Ever-Expanding Community Curated Archive” (Colección de Objetos Hallados en Graneros de Nueva Inglaterra: Un Acervo Comunitario Siempre Creciente), consta de artículos que residentes de toda la región desenterraron de cobertizos de granjas o de campos contiguos.

El Museo de la Vida Cotidiana, ubicado en una parte de Vermont conocida como el Reino Noreste, hace una crónica y destaca los objetos ordinarios, insignificantes y meramente utilitarios de nuestra existencia y los vuelve extraordinarios.

Exhibiciones anteriores se han enfocado en el cepillo de dientes, el seguro, campanas, silbatos e incluso polvo. La próxima exhibición que se presenta todo el año, una reflexión sobre las tijeras, inicia en junio.

El museo se ubica junto al hogar de Clare Dolan, su fundadora, curadora y autodenominada “directora de filosofía”. Dolan, una artista y titiritera, inició el museo en el 2011 tras despejar su granero y escoger el tema de su primera exhibición: el fósforo.

“Necesitamos celebrar lo que es mundano y ordinario, pero hermoso”, dijo Dolan.

El museo exhibe su colección en un granero de madera sin calefacción y con goteras, construido hace 70 años. No cuenta con guardias de seguridad para proteger sus obras de arte, y no se cobra admisión, aunque hay una caja para donativos. El libro de visitas ha registrado nombres de lugares tan lejanos como Suecia.

En su interior, una selección de obras inusual, reflexiva y cuidadosamente curada revela lo que Dolan, de 52 años, llama el “poder narrativo” de los objetos comunes.
“El museo es una manera de hacerme pensar en las cosas sobre las que quiero pensar”, explicó.

Las ideas para los temas de las exhibiciones del museo a menudo inician con una sugerencia o una aportación interesante. La exposición de cepillos de dientes fue inspirada por un escritor en Montpelier, Vermont, quien le entregó a Dolan una caja repleta de cepillos de dientes y otros accesorios dentales.

Después, un colaborador frecuente de la colección donó un cepillo de dientes con un mango con forma de una mujer esbelta; el cepillo era la cabeza de la mujer.

Algunas piezas de cada exhibición especial se vuelven parte de la colección permanente del museo.

Para ganarse la vida, Dolan es una enfermera en la unidad de cuidados intensivos de un hospital cercano. Además, ayuda a organizar un festival ambulante anual, Banners and Cranks, que celebra el antiguo arte de la cantastoria, una narración cantada acompañada de paneles pintados. Un tipo de cantastoria, llamada “cranky”, es un pergamino que se despliega con una manivela.

Ursula Populoh, de 77 años, una artista textil y titiritera en Baltimore, Maryland, es una entusiasta de esta disciplina quien se convirtió en lo que Dolan llama una “filósofa residente” en el museo.

Los filósofos visitantes viven en un departamento de una sola habitación en otra parte del granero.

Durante su residencia, en agosto del 2017, Populoh creó dos crankys y cuidó el jardín de hortalizas de Dolan. También fungió como guía del museo.

“Esta apreciación de las cosas que usamos diariamente está muy ausente en nuestra cultura y está representada en el museo de Clare”, dijo Populoh.

The New York Times