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Por Carol Rosenberg

BAHÍA DE GUANTÁNAMO, Cuba — Nadie tiene un diagnóstico de demencia aún, pero ya se vislumbran los primeros reemplazos de cadera y rodilla. Al igual que rampas para sillas de ruedas, mascarillas de respiración para apnea del sueño, barras para asirse en las paredes de celdas y, quizás, diálisis. Los cuidados paliativos son parte de la agenda.

Más de 17 años después de elegir la base militar estadounidense en Cuba para encarcelar a prisioneros del campo de batalla en Afganistán, tras años de debate sobre los derechos de los detenidos y sobre si la prisión podía ser cerrada o no, el Departamento de Defensa de Estados Unidos se prepara ahora para que los sospechosos de terrorismo que siguen detenidos en el centro envejezcan y mueran en la Bahía de Guantánamo.

Después que el esfuerzo de la Administración Obama por cerrar la prisión fue bloqueado por el Congreso y que la Administración Trump se comprometió a mantenerla abierta, y dado que los juicios militares avanzan con lentitud pasmosa, el año pasado se les indicó a los comandantes que hicieran planes para mantener el centro de detención en funcionamiento otros 25 años, hasta el 2043.

A esas alturas, el prisionero de más edad, si vive hasta entonces, tendría 96 años. Otra de las 40 personas que siguen encerradas ahí —el palestino conocido como Abu Zubaydah, quien estuvo confinado en una caja del tamaño de un ataúd mientras estuvo detenido en un centro clandestino de la CIA y fue torturado con agua 83 veces para doblegarlo— tendría 72. Al igual que él, varios de los detenidos ya viven con lo que sus abogados dicen que son secuelas físicas y psicológicas de la tortura, lo que hace que su salud sea precaria a medida que se encaminan a la vejez.

La prisión está imaginando un confinamiento de detenidos al estilo de un hogar para ancianos con cuidados paliativos comunitarios. Los comandantes dicen que los detenidos ya sufren padecimientos típicos de la mediana edad: presión arterial y colesterol altos, dolor de articulaciones, diabetes y, en fechas recientes, apnea del sueño.

Pero el Ejército batalla con preguntas sobre qué tanta atención médica deberían recibir los prisioneros, cómo debería proporcionarse y cuánto dinero suministrará el Congreso para pagarla.

Por ahora, dice el Ejército, ningún prisionero tiene cáncer y todos los que usan sillas de ruedas pueden arreglárselas sin ayuda. Pero los miembros del personal de más alto nivel intentan determinar cuántas celdas necesitarán agarraderas y rampas, y espacios más grandes para camillas, sillas de ruedas y regaderas.

La prisión de la Bahía de Guantánamo tiene un personal médico en rotación de 140 doctores, enfermeros, técnicos médicos y proveedores de cuidados de salud mental. Atienden a los detenidos, pero también brindan servicio a los mil 500 soldados en la base.

Ahora, el Ejército busca 88.5 millones de dólares para construir una pequeña prisión con capacidad para cuidados paliativos comunitarios para los 15 detenidos llevados ahí desde centros clandestinos de la CIA —seis de ellos en espera de juicios con pena de muerte como presuntos conspiradores en los ataques contra el destructor estadounidense Cole en el 2000, en el que murieron 17 marineros, y del 11 de septiembre del 2001 en NY y en el Departamento de Defensa en Virginia, en los que murieron casi 3 mil personas.

Un prisionero, conocido como Hambali, de 55 años, un indonesio detenido por ser ex líder del grupo extremista Jemaah Islamiyah en el Sureste de Asia, está a la espera de un reemplazo de rodilla, dijo su abogado defensor, el Mayor James Valentine, de los Marines de EU. Valentine dijo que el daño a la rodilla de Hambali fue resultado directo de su primer año en cautiverio en manos de la CIA, cuando siempre tenía grilletes en los tobillos.

A algunos podría parecerles raro que el Ejército esté considerando cuidados médicos complicados y costosos para los detenidos, sobre todo para aquellos para los que el fiscal quiere pena de muerte.

“Es paradójico”, dijo Stephen N. Xenakis, psiquiatra y General Brigadier del Ejército de EU, quien ha dado consultas sobre casos en Guantánamo desde el 2008. “Pero en este País no dejamos que la gente simplemente muera. Viola toda nuestra ética”.

Nueve detenidos han muerto desde el 2006. Empleados musulmanes en la base les ofrecieron a los difuntos ritos funerarios hasta que llegó un capellán musulmán. El Departamento de Estado hizo arreglos para repatriar los restos de los prisioneros.

Para aquellos que no pueden ser repatriados, hay un terreno cercado marcado como “Entrada a Cementerio Islámico” en una área de paso prohibido en Guantánamo. La última vez que un reportero pudo visitarlo, en el 2016, estaba vacío.

The New York Times