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Por Paulina Villegas y Kirk Semple

MAPASTEPEC, México — Al igual que muchos en esa empobrecida región del sur de México, Joaquín Ramírez, un campesino, emitió su voto el año pasado a favor de Andrés Manuel López Obrador. Pero a menos de cinco meses de iniciado el Gobierno de López Obrador, su opinión del Presidente ha comenzado a deteriorarse.

La razón, dijo, es evidente en las decenas de miles de migrantes que en meses recientes han hecho una parada en este pueblo pequeño camino a la frontera con EU. Ramírez culpa del flujo a los mensajes y las políticas amistosas hacia los migrantes por parte del Presidente.

“Por tratar de hacer un bien, ha hecho mucho daño”, afirmó. “Parece estar más preocupado por ellos que por su propio pueblo”.

Desde hace mucho tiempo, los poblados aquí en el estado de Chiapas, en el sur de México, han sido una parada habitual en la ruta migratoria. Pero algo comenzó a cambiar en octubre pasado con la llegada de miles de migrantes viajando en grupo, en lo que se conoce ahora como una caravana.

En ese momento, Mapastepec les dio la bienvenida y se desplegó a todo el personal del pueblo —alrededor de 300 personas— para ayudar a alimentar y cuidar a los migrantes. Desde entonces, un flujo constante de caravanas migrantes ha pasado por el lugar y la paciencia se agota poco a poco.

Muchos de los migrantes, que con frecuencia huyen de la pobreza y la violencia en Centroamérica, buscan llegar a la frontera norte de México, donde los funcionarios están lidiando con un cuello de botella de personas esperando realizar su solicitud de asilo en Estados Unidos.

En Mapastepec a mediados de abril, al menos mil migrantes estaban atiborrados en un refugio. Cientos más vivían en otras partes de la Ciudad mientras otros miles iban en camino desde el sur.

Ervin La Parra, un maquinista de Huixtla, argumentó que el Gobierno de López Obrador no han mostrado voluntad para cerrar la frontera sur.

“Simplemente no entiendo por qué siguen dejando que entre tanta gente, así como si nada”, dijo. “Sus razones son un misterio para mí”.

El 19 de abril, la Policía Federal mexicana detuvo a cientos de inmigrantes de Centroamérica que estaban bañándose en un río a las afueras de Mapastepec. No quedó claro por qué ese grupo de migrantes había sido blanco.

Los migrantes y sus defensores aseguraron que las políticas migratorias inconsistentes del Gobierno mexicano han contribuido a la confusión.

El Gobierno de López Obrador ha sido presionado por la Administración del Presidente estadounidense Donald Trump para detener el flujo de migrantes que se dirigen al norte. López Obrador asumió el poder en diciembre, prometiendo separarse de lo que llamó el enfoque de sus predecesores en materia de migración, que estaba más enfocado en mantener el orden público.

Los arrestos y deportaciones se desplomaron durante sus primeros tres meses en el cargo, incluso cuando aumentó el flujo de migrantes.

En enero, su Gobierno invitó a migrantes centroamericanos a solicitar una visa humanitaria especial con un año de vigencia que les permitiría trabajar en México, llamándolo una política permanente. Pero después de que 13 mil migrantes solicitaron la visa en dos semanas, fue suspendida.

La promesa de comenzar a emitir visas de nuevo fue anulada de manera abrupta a mediados de abril. En lugar de ello, las autoridades dijeron que emitirán sólo visas regionales que evitan que los migrantes viajen legalmente a la frontera estadounidense.

Los funcionarios mexicanos afirmaron que están desplegando fuerzas de seguridad en el sur de México para ayudar a controlar la migración ilegal.

La Comisión Nacional para los Derechos Humanos en México criticó a la Administración López Obrador por la tardanza en procesar las solicitudes de visas y documentos de viaje de los migrantes. En Mapastepec, dijo la comisión, los funcionarios del Gobierno dijeron a los migrantes que podrían tardar hasta seis meses para completar el proceso del papeleo, lo que desató “una protesta violenta” que fue controlada por la policía.

Los disturbios en el campamento para migrantes de Mapastepec se agregan a una creciente actitud recelosa entre los residentes. “Constantemente tememos que haya una pelea o un enfrentamiento con la policía”, afirmó Dora Luz García Cruz, una vendedora de comida.

Nelson Chirino, un migrante hondureño que viajaba con su hijo de 11 años, aseguró que estaba decidido a llegar a Estados Unidos, a pesar de que se les había acabado el dinero y viajaban sin la documentación apropiada.

“Debemos seguir adelante y jamás mirar atrás, jamás”, dijo.

 The New York Times