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Por Rod Nordland

MAZAR-I-SHARIF, Afganistán — Un niño de unos 8 años gritaba: “¡Vamos John Cena, vamos amigo, castígalo, quiero cargar con todo tu dolor!”.

En este caso, John Cena no era el luchador profesional estadounidense, sino un perro que tenía la cabeza atrapada en las mandíbulas de un rival en una sangrienta pelea, una de las 13 que se celebraban en un estadio un día de marzo como parte del Nowruz, o las festividades del Año Nuevo persa. John Cena se liberó y atacó a su enemigo, un perro llamado

German, hasta que el juez declaró un ganador y sus entrenadores los separaron.

A diferencia de como es en la mayoría de los países, estos encuentros se celebraban abiertamente. La sede era una arena pública al aire libre en medio de Mazar-i-Sharif, una ciudad en el norte de Afganistán. Miles de personas asistieron.

Muchos tipos de deportes de sangre afganos se llevan a cabo sin control, a pesar de la oposición de los mulás, que los consideran pecaminosos, y de las crecientes críticas de una generación más joven y educada.

Los afganos parecen montar peleas con casi todo tipo de animales: perros, gallos, camellos, canarios. Aunque las peleas de aves y perros son técnicamente ilegales, las multas son de 150 dólares —una fracción de las sumas que se apuestan regularmente. Los caballos utilizados en los enfrentamientos buzkashi, aún más populares, no pelean per se, pero las lesiones son comunes ya que los animales muerden, se encabritan y patean, y sus dueños los golpean a ellos y a unos y otros con látigos.

El estadio atrajo a dueños de perros de todo Afganistán, con bolsas que van desde 65 dólares hasta más de 20 mil. Los propietarios ponen una cantidad acordada que el perdedor debe pagar al ganador. Los espectadores hacen apuestas secundarias, muchas de ellas cuantiosas. Los vendedores circulaban con bandejas de samosas y repostería sobre sus cabezas.

Los combates terminan cuando los jueces decretan que uno de los perros está mostrando un comportamiento sumiso; rara vez pelean hasta la muerte. Se desató una pelea entre dos hombres. Sus perros habían terminado de pelear y los jueces habían declarado al perro marrón, llamado Bee, vencedor sobre un perro negro llamado Leopard. Su dueño, Akbar, se había negado a pagar y la multitud se burlaba de él llamándolo “Perdedor Akbar”. Los dos hombres intercambiaron golpes. A esto le siguió una pelea en la que participaron cientos de personas.

“Los perros no son los únicos animales aquí”, dijo un espectador.

Bee cojeaba. Javed Masjidi, de 33 años, su dueño, dijo que a su perro le encanta pelear y que se le trata bien, al comer más proteína que Masjidi.

El mulá Abdul Basir Bahrawi dijo que había poca duda de que el Islam prohíbe cualquier juego que lesione o mate animales.

Pero, preguntó, ¿son los encuentros como el buzkashi peores que las peleas en jaulas? “Después de 40 años de guerra, muchas cosas están descompuestas aquí”, dijo.

 The New York Times