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Por Neil MacFarquhar

LISTVIANKA, Rusia — Cuando Andrei Sukhanov vio que el hotel de propiedad china en construcción al lado estaba a punto de obstruir la magnífica vista del Lago Baikal desde su pequeño motel rústico, se armó de valor con un trago de vodka, tomó su motosierra y cortó ocho pilares de madera que apuntalaban la construcción.

Nada se vino abajo, pero Sukhanov fue tratado como héroe por hacer frente a los chinos, cuya creciente presencia alrededor del Lago Baikal es motivo de resentimiento. Las acciones de Sukhanov se han vuelto un grito de guerra en medio de un torrente de peticiones, protestas y casos judiciales que buscan bloquear a los chinos del lago y áreas cercanas.

“Si los dejamos, los chinos tomarán el control”, dijo Sukhanov, de 57 años, que huyó de San Petersburgo hace décadas para llevar una vida bucólica junto al lago siberiano, el cuerpo de agua dulce más grande y más profundo el mundo. “Se robarán todo el dinero y los habitantes locales no obtendrán nada”.

El Presidente Vladimir V. Putin giró hacia China hace cinco años, luego de que la anexión de Crimea deterioró las relaciones con Occidente. China se volvió un aliado de Rusia a través del comercio, la diplomacia y la cooperación militar. No obstante, esta presunta nueva era de amistad sino-rusa está mostrando tensiones en Listvianka, un antiguo pueblo turístico junto al lago, a medida que una oleada de turistas y negocios chinos despierta temores de una apropiación china de tierras y plantea preocupaciones acerca de la contaminación.

Al mismo tiempo, las autoridades locales ven en los visitantes la mejor esperanza que tienen de generar empleos y desarrollo económico en una región empobrecida. Más de 1.6 millones de turistas, en su mayoría rusos, visitaron la región el año pasado, de acuerdo con la Agencia de Turismo de Irkutsk; los 186 mil 200 chinos fueron el grupo extranjero más cuantioso. El número de chinos creció un 37 por ciento respecto al 2017 y se espera que continúe creciendo. Beijing se halla a un vuelo de dos horas, comparado con el de seis horas a Moscú.

Enmarcado por bosques de pinos y distantes picos montañosos, el lago atrae a turistas en verano e invierno. Pero la infraestructura de Listvianka no puede manejar la basura y las aguas residuales generadas por el actual número de visitantes.

Las autoridades han llevado a los tribunales a los dueños de al menos 10 hoteles construidos con financiamiento chino, acusándolos de edificar ilegalmente en lotes designados para viviendas unifamiliares u otras infracciones. Un tribunal ordenó la demolición de dos hoteles, y ocho más podrían enfrentar la misma suerte.

Este invierno, la construcción de una planta embotelladora para exportar agua a China desde un pueblo cercano a Listvianka provocó que más de 1.1 millones de rusos firmaran una petición en línea denunciándola. Un tribunal de distrito en Irkutsk detuvo la construcción de la planta en marzo, citando preocupaciones ambientales. Pero lo que podría molestar más es que los chinos no están pagando impuestos empresariales.

“No nos pagan ni un centavo”, gruñó Sukhanov. “Si pagaran el 20 por ciento requerido para el presupuesto local, obtendríamos la infraestructura y las escuelas que necesitamos”.

Aleksandr A. Shamsudinov, Alcalde de Listvianka, que tiene 2 mil 122 habitantes, pasó gran parte del 2018 en arresto domiciliario, acusado de abuso de autoridad al emitir permisos de vivienda para lotes unifamiliares. Muchos de esos lotes se transformaron en casas de huéspedes ilegales para turistas chinos. Las edificaciones de tres pisos y 14 recámaras con balcones claramente no eran casas comunes, admitió Shamsudinov.

El pueblo no cuenta con un sistema central de agua ni de drenaje. La basura se acumula, las calles secundarias permanecen sin pavimentar y un jardín de niños carece de agua corriente. Los contaminantes que se filtran al lago causan la proliferación de algas.

Aun así, los turistas han revivido la Calle Karl Marx, la principal arteria de compras de Irkutsk. Un letrero en chino promete un regalo a cualquier persona que gaste más de mil 200 dólares.

El año pasado, Alexei Dzhao, un empresario de 37 años nacido en China y con ciudadanía rusa, construyó dos casas en lo alto de Listvianka. Su casa de huéspedes Baikal Seal, estaba destinada a ser una vivienda particular, indicó. Pero dijo que su permiso de construcción fue revocado, y espera una orden de demolición. Muchos dueños chinos esperan vender antes de que lleguen los buldóceres.

“Las cosas no están tranquilas en Listvianka”, declaró Dzhao, quien planea mudarse a Moscú. “Hay toda una tensión nacionalista”.

 The New York Times