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Por Christopher F. Schuetze

ESTOCOLMO — Cuando Morgane Oléron se separó de su pareja luego de 11 años, uno de sus mayores problemas de logística era encontrar un nuevo lugar para vivir.

A pesar de ser nombrada como una de las mejores ciudades para vivir de Europa, Estocolmo tiene un desafiante mercado de rentas.

Oléron decidió mudarse a K9, un ex hotel compartido por 50 profesionistas en la mejor zona de la Ciudad.

“No sabía si sería capaz de vivir allí, pero resulta que funcionó realmente bien”, dijo Oléron, de 32 años. Sus “roomies” oscilan entre los 21 y 54 años de edad y han incluido a doctores, abogados, bailarinas profesionales y maestros.

En un país donde el 52 por ciento de los hogares está habitado por una persona que vive sola, Oléron es parte de una tendencia que los expertos dicen que cambiará la forma en que viven los profesionistas en Suecia y otros países.

La casa que comparten Oléron y sus 49 coinquilinos está bellamente decorada y completamente equipada. Incluye cinco cocinas, salas de co-working, varias salas de estar y de lectura, un cuarto de meditación y un perro compartido. Hay baños separados en cada una de las 30 habitaciones, algunas compartidas, otras divididas en espacios para dormir.

La renta varía de 650 dólares por una litera en un cuarto para seis personas hasta mil 600 dólares por el cuarto más caro.

Una parte importante del atractivo radica en vivir en una comunidad grande. Muchos residentes dicen que en una ciudad grande donde la vida puede ser solitaria, aprecian el apoyo que se puede encontrar en una comunidad comprometida y vigorosa.

Estocolmo ha estado lidiando con una escasez de vivienda durante décadas, dijo Henrik Nerlund, director del Consejo de Belleza de Estocolmo, una dependencia municipal. El principal problema son las leyes nacionales en torno al control de rentas.

Debido a que las rentas son mantenidas por debajo del valor de mercado, muchos que tienen arrendamientos originales no renuncian a ellos. La Ciudad introdujo una lista de espera en 1997 que ahora incluye más de 650 mil nombres en una ciudad de menos de un millón de habitantes. Eso puede significar una espera de tres décadas.

Es por eso que muchos están interesados en el enfoque que Oléron ha adoptado.

El año pasado, Katarina Liljestam Beyer y Jonas Haggqvist fundaron Colive, compañía que pretende promover la vivienda compartida.

“Vamos a hacer de la vivienda compartida una nueva forma de vida en Suecia”, dijo Liljestam Beyer. La compañía abrirá su primer proyecto este mes: una vivienda compartida para 11 personas.

El lugar servirá como un laboratorio para proyectos futuros más grandes.

Las reglas básicas están establecidas: un extenso acuerdo de vivienda compartida firmado por los inquilinos, una prueba de compatibilidad en línea para encontrar una mezcla apropiada de roomies y una compañía externa para encargarse de la limpieza.

 The New York Times