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Atrapa a las nutrias comercio de mascotas

Las nutrias se han vuelto mascotas muy buscadas en Japón y el sureste asiático. Un café de nutrias en Tokio. (Noriko Hayashi para The New York Times

Dentro de la jaula estaban las atracciones estelares: cuatro nutrias asiáticas de garras pequeñas. Al vernos, los animales estallaron en chirridos, gemidos y chillidos.

Por Rachel Nuwer

TOKIO — Percibimos su olor antes de verlos. En medio de un abrumador hedor a orina y excremento, bajamos a un sótano, donde pufs desgastados estaban frente a una pequeña jaula de alambre.

Dentro de la jaula estaban las atracciones estelares: cuatro nutrias asiáticas de garras pequeñas. Al vernos, los animales estallaron en chirridos, gemidos y chillidos.

Tras hacer circular una hoja plastificada con advertencias impresas en japonés, mandarín e inglés (“Las nutrias a veces se vuelven violentas”), un encargado abrió la jaula. Los animales salieron disparados y volaron por la habitación, corriendo sobre los regazos y engullendo croquetas especiales.

Sus cuerpos tubulares color café se sentían como suaves cojines afelpados, y sus caras animadas, enmarcadas por bigotes, eran como las de cachorros. Durante nuestra sesión de 30 minutos, las nutrias nunca dejaron de moverse.

Las nutrias son apestosas, ruidosas y sumamente activas; tienen dientes afilados y quijadas lo suficientemente fuertes como para abrir mariscos con concha. Pero en Japón, donde más de una docena de cafés con animales incluyen ahora nutrias, se han vuelto mascotas exóticas muy demandadas, desplazando a lechuzas, loris perezosos, petauros del azúcar y tortugas estrelladas.

Muchos cafés y tiendas de mascotas venden nutrias a cualquier persona interesada en llevarse una a casa.

Las nutrias mascotas no sólo gustan en Japón. También son más comunes en Indonesia, Tailandia, Vietnam y Malasia. La internet ha impulsado en gran medida el aumento en su popularidad y comercio como mascotas, dijo Nicole Duplaix, miembro del comité de nutrias de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

“Los vendedores las anuncian en línea, y los dueños de mascotas suben infinidad de fotos lindas de su pequeña nutria, lo que propaga la noticia de que las nutrias son mascotas maravillosas, lo cual no es cierto”, dijo.

Las nutrias son difíciles de criar en cautiverio.

En Tailandia, ciudadanos japoneses han sido arrestados luego de ser atrapados intentando contrabandear nutrias por un aeropuerto. En Vietnam, Save Vietnam’s Wildlife, organización que rehabilita a animales confiscados a traficantes, ha comenzado a recibir nutrias por primera vez en sus 14 años de historia.

Las amenazadas nutrias de pelaje liso y las de nariz peluda en peligro de extinción, ambas encontradas en el sureste asiático, se ven atrapadas en el comercio de mascotas. Pero las nutrias asiáticas de garras pequeñas, una especie amenazada “linda a más no poder”, tienden a ser los blancos primarios de los comerciantes furtivos, afirmó Duplaix.

Las tres especies estaban en problemas mucho antes de que iniciara el comercio de mascotas. La contaminación y el desarrollo han destruido sus hábitats, y pescadores y acuicultores matan a los animales para eliminar la competencia. Los comerciantes furtivos también tienen en la mira a las nutrias por su piel.

En Tailandia, atrapar, vender o exportar nutrias es ilegal, pero los animales son comerciados en línea libremente.

De acuerdo con Traffic Japan, grupo que monitorea el comercio ilegal de fauna silvestre, la mayoría de las nutrias confiscadas en el Sureste de Asia en el 2017 tenía como destino Japón; las autoridades incautaron al menos 39 nutrias que entraban a Japón o destinadas para ese País del 2016 al 2017.

Representantes internacionales están considerando propuestas para otorgar a las nutrias de garras cortas y a las de pelaje liso el nivel más alto de protección en la Convención sobre Comercio Internacional de Especies en Peligro de Fauna y Flora Silvestre.

Pero una mayor protección no pondría fin al comercio ilegal, dijo Daniel Willcox, de Save Vietnam’s Wildlife. Él cree que los conservacionistas deben tratar de trabajar con los dueños de mascotas.

“Algunas de estas personas realmente quieren a sus animales”, indicó. “Y si podemos hallar una forma de hablar con ellos para mostrarles por qué está mal conservar nutrias, pueden volverse defensores de la conservación de la vida silvestre”.