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Por Nathaniel Popper

SAN FRANCISCO — Con el dinero que ganó al vender su empresa de arranque más reciente a Google, Matt Rogers ha invertido en compañías que intentan combatir el cambio climático.

Rogers, uno de los fundadores de la compañía de termostatos Nest, ha invertido millones de dólares en startups cuyo objetivo es eliminar el dióxido de carbono de la atmósfera. La tecnología de eliminación de carbono, como se le conoce, es algo que los científicos han dicho que probablemente será necesaria para evitar un aumento extremo en las temperaturas globales.

Sin embargo, Rogers ha hallado que pocos inversionistas de capital de riesgo han estado dispuestos a unírsele en apoyar a compañías que intentan abordar el cambio climático.
“No necesitamos otra app para compartir fotografías u otra empresa de arranque de cadenas de bloque”, dijo Rogers, quien invierte su dinero a través de Incite Ventures, un fondo que creó con su esposa, Swati Mylavarapu. “Necesitamos resolver la crisis de carbono. Pero mucha gente persigue el dinero fácil en lugar de asumir responsabilidad de lo que necesita hacerse”.

Rogers conoce los argumentos: la última vez que los inversionistas de capital de riesgo invirtieron cuantiosamente en tecnología enfocada en el medio ambiente, durante el auge de la tecnología limpia en la década del 2000, perdieron mucho dinero. Pero su cautela no lo persuade. “Sentarte sobre tu pila de dinero mientras los océanos aumentan de nivel podría no ayudarte a mantenerte seco”, dijo.

Es del conocimiento común en la industria de la tecnología que es mucho más fácil recaudar dinero para una compañía de software que para una de arranque que quiere trabajar en biotecnología o energía. La oleada actual de startups enfocadas en internet que hacen ofertas públicas iniciales y recaudan miles de millones de dólares para los inversionistas, ha endurecido el prejuicio contra la así llamada tecnología dura.

Dos organizaciones científicas importantes dijeron el otoño pasado que detener el calentamiento global exigiría eliminar miles de millones de toneladas de dióxido de carbono en la atmósfera.

Algunos métodos para lograr eso involucran tecnologías a la antigüita, como sembrar árboles. Pero hay muchas empresas de arranque que están desarrollando nuevas tecnologías que abordan el problema.

En un evento reciente en San Francisco, varias de estas startups realizaron presentaciones ante inversionistas. Una de ellas, Charm Industrial, quema biomasa de plantas para crear hidrógeno, capturando los gases de efecto invernadero producidos en el proceso.

Noah Deich, fundador de Carbon180, una organización que patrocinó el evento, dijo que no había visto el compromiso para invertir que creía necesario para poner las tecnologías en funcionamiento.

Las compañías de arranque enfrentan un reto fundamental: nadie ha encontrado una forma de convertir la captura de dióxido de carbono en ganancias.
Muchas de las compañías de arranque en el evento en San Francisco intentan usar gases de efecto invernadero para producir químicos valiosos como fertilizantes y biocombustibles.

Pero es mucho más barato producir esos químicos con procesos que emiten gases de efecto invernadero.

Carbon Engineering, una compañía canadiense fundada en el 2009 que extrae dióxido de carbono del aire al someterlo a químicos especialmente formulados, anunció el mes pasado que había recaudado 68 millones de dólares para construir una instalación comercial. Se apoyó en su mayoría en inversiones de grandes compañías petroleras.

En ese mismo tiempo, Slack, una compañía de mensajería que también fue fundada en el 2009, ha recaudado más de 10 veces esa cantidad.

Deepak Dugar, fundador de una empresa de arranque que crea microbios que comen carbono, dijo que los inversionistas de capital de riesgo necesitaban que sus inversiones muestren rendimientos a los pocos años. Sabía que su compañía, Visolis, tardaría más en desarrollarse, así que construyó Visolis con ayuda de subvenciones del Gobierno e inversionistas filantrópicos.

Sin embargo, Rogers dijo que ese dinero de filántropos importantes no sería suficiente para cumplir con los objetivos de reducción de carbono fijados por organismos internacionales como el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático.

Para eso, dijo Rogers, una variedad de inversionistas, entre ellos los de capital de riesgo, necesitarán involucrarse. Y necesitarán esperar más de tres o cuatro años para sacar provecho.

“Se ha vuelto muy fácil crear una compañía de software que crea mucha riqueza”, dijo. “Mucho del Valle del Silicio se ha envuelto en eso. Han olvidado sus raíces. Solían hacer cosas realmente difíciles que tomaban tiempo”.

 The New York Times