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Por Kenneth Chang

URBANA, Illinois — Eran las 22:00 horas y estábamos encerrados en una habitación del centro comercial Lincoln Square.

Los cuatro, todos con formación científica, teníamos una hora para averiguar todo sobre un científico desaparecido.

Estos “cuartos de escape” se han popularizado en los últimos años —juegos inmersivos en los que grupos buscan pistas y resuelven acertijos contrarreloj.

Paul Kwiat, un físico de la Universidad de Illinois, es el creador de este cuarto de escape en particular, que está lleno de acertijos basados en la ciencia.

“La ciencia puede ser divertida”, dijo Kwiat. “Normalmente, la gente no incluye ciencia y diversión en la misma oración”.

Hace cuatro años, Kwiat comenzó a pensar en crear un cuarto de escape basado en la ciencia después de visitar uno con temática de Sherlock Holmes en Suiza.

Cuando la Sociedad Estadounidense de Física hizo un llamado a “divulgación innovadora”, él comenzó a convertir sus ideas en acción.

Kwiat elaboró una pequeña versión de prueba, reclutó estudiantes universitarios para perfeccionar los acertijos y rentó un espacio en el centro comercial.

Armó una historia: La profesora ficticia Alberta Schrödenberg hizo un gran avance en la computación cuántica. Luego desapareció.

“Para mí, las mejores salas de escape son las que tienen una buena historia”, dijo Kwiat.

En enero del 2017 se inauguró LabEscape. Unas 4 mil 700 personas han pasado por allí.

Al idear LabEscape, Kwiat explotó fenómenos de materiales reales. Para evitar estropearles los acertijos a futuros participantes, tomemos como ejemplo un tanque de plástico que durante un tiempo estuvo colgado en el área de bienvenida de LabEscape.

A primera vista, el tanque era transparente y lucía vacío. Pero al ponerse un par de gafas IMAX 3-D, de repente aparecían letras tridimensionales que decían LabEscape.

El tanque no estaba vacío, sino lleno de 70 litros de jarabe de maíz. Las letras, hechas de acrílico, también estaban en su interior. Ya que los dos materiales poseen prácticamente el mismo índice de refracción, la luz pasaba de uno a otro sin curvarse, y las letras se tornaban casi invisibles.

Pero el jarabe de maíz es también lo que los científicos llaman “ópticamente activo”, debido a la forma de sus moléculas de azúcar.

Luz polarizada era dirigida al tanque. Al pasar la luz a través del jarabe, la polarización giraba.

Ya que el acrílico no es ópticamente activo, los rayos que pasaban a través de las letras tenían una orientación diferente.

Los ojos no perciben la polarización, pero un filtro polarizador en las gafas IMAX hace que lo invisible sea coloridamente visible.

El letrero ya no está ahí. Kwiat pasó por alto otra propiedad básica del jarabe de maíz: es más denso que el agua. Bajo la presión del peso extra, el plástico se rompió, dejando caer la melcocha.

Es probable que no haya suficientes clientes para mantener a LabEscape operando en Urbana por tiempo indefinido.

Kwiat prevé trasladarlo a un museo de ciencia en una ciudad más grande.

Ya ha aprendido algunas cosas. Uno de los acertijos implica extraer una llave para abrir una cerradura y llegar a otra pista. Kwiat diseñó la solución, pero se sorprendió cuando se encontró una forma alternativa, luego una tercera y luego una cuarta. Los jugadores del cuarto de escape han encontrado 18 formas de sacar la llave.

Kwiat espera que los participantes aprecien mejor cómo los científicos encuentran belleza y asombro al descifrar el universo.

“Hay una gran sensación de triunfo cuando se supera uno de estos acertijos”, dijo. “Igual que en la ciencia”.

The New York Times