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Por Carl Buckley

Cuando los cineastas Joe Carnahan y Ben Hernandez Bray comenzaron a mostrar su guión para una nueva película de superhéroes a principios del 2017, dijeron, los directores de estudios y productores lo prodigaron de elogios.

La película, “El Chicano”, ofrecía una historia de origen con una nueva perspectiva: un policía mexicano-estadounidense que perdió a un hermano por la violencia de pandillas adopta la causa de un vengador enmascarado para enfrentar a un cartel.

Pero todos los personajes principales eran latinos. Para los inversionistas potenciales, eso hacía que el filme fuera un riesgo.

“No creo que podían hacerse a la idea de un elenco totalmente latino”, dijo Carnahan, cuyas películas incluyen “Narc” y “The A-Team”. Al menos un ejecutivo le dijo que necesitaba encontrar una “influencia caucásica” en la película.

Pero para Bray, quien es mexicano-estadounidense, tener un elenco totalmente latino no era negociable. “Yo les decía constantemente, ‘como cineasta y narrador, esto es todo a lo que estuve expuesto mi vida entera’”, dijo. “No había ninguna persona caucásica que viviera en mi vecindario. Ni siquiera los oficiales de policía”.

Los allegados a Hollywood dijeron que la resistencia sigue siendo típica en la industria del cine. Darnell Hunt, autor del Reporte de Diversidad en Hollywood, que se publica anualmente, dijo que había recibido varias quejas de realizadores cuyos proyectos eran pasados por alto porque se negaban a ceder en tener exclusivamente actores de color en el casting, o cuyas películas se hicieron sólo porque insertaron personajes blancos.

Tras escuchar meses de negativas, a la larga Carnahan encontró productores: inversionistas canadienses de gas y petróleo que querían diversificarse al cine. La película fue producida en gran parte en Calgary a un costo aproximado de 7 millones de dólares y encontró a su distribuidor en Briarcliff Entertainment.

Para Bray, el elenco sólo podía ser totalmente latino debido a que era tan personal; a partes iguales un exorcismo, una elegía y una fantasía de venganza.

Bray creció en un área llena de crimen del Valle de San Fernando, en la parte noroeste de Los Ángeles, como el mayor de seis hijos criados por una madre soltera que enfrentaba a los narcotraficantes del vecindario.

Bray llegó a tener una carrera exitosa como doble de escenas de acción en Hollywood —sus créditos incluyen “Iron Man” y “Star Trek”— y luego como director de televisión. Pero su hermano menor, Craig, se involucró en la vida pandillera y murió.

Para lidiar con la pena, Bray comenzó a trabajar en unas memorias sobre su hermano. Más tarde se transformaron en un guión sobre un oficial de policía que, al enfrentar a un cartel tras el aparente suicidio de su hermano, adopta el personaje de El Chicano, también conocido como el “ghetto grim reaper” (la parca del ghetto).

El guión todavía no había sido terminado cuando, hace algunos años, la hija de Bray murió al nacer. Exhortado por Carnahan, y como forma de resistir el dolor, Bray decidió terminar “El Chicano”, encerrándose durante un mes en el departamento de un amigo en Nueva York —con la bendición de su esposa, dijo.

Él y Carnahan pasaron entonces otras cuatro semanas puliendo el manuscrito en el hogar de Carnahan. “Nos abrazamos, lloramos, tomamos caballitos de tequila”, dijo Bray.

Carnahan pensó que la película sería pan comido y quedó estupefacto cuando los productores de Hollywood no estuvieron interesados. “Todo el mundo estaba de acuerdo en que el guión era genial, pero nadie quería hacerlo”, dijo.

Para Bray, la falta de interés no fue tan sorpresiva. Además de “Coco”, la exitosa película animada de Pixar del 2017, ha habido pocos filmes latinos en inglés, ya ni se diga éxitos, lanzados en décadas recientes, lo que no les da a los inversionistas potenciales mucho con qué comparar las posibilidades del filme.

“La gente está asustada” dijo Bray. “Si los números no están ahí, piensa, ‘vamos a seguir con lo convencional. Si nos topamos con algo que resulta ser moreno, genial. Y si no es así, no vamos a tratar de presionar por ello’”.

The New York Times