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CRICCIETH, Gales — Todo mundo aquí parece conocer a Jan Morris. Tiene 92 años y camina con bastón. Ha vivido en este rincón del norte de Gales la mayor parte de su vida.

En Gran Bretaña es una querida ensayista, historiadora, periodista y cronista de lugares, autora de más de cuatro docenas de libros, pero no fue hasta que su obra más reciente, “In My Mind’s Eye” (En Mi Imaginación), fue transmitida en capítulos en la radio de la BBC el otoño pasado que muchos de sus vecinos se dieron cuenta de que había una celebridad entre ellos.

Morris ha vivido muchas vidas, y es imposible separar quién es ahora de quién fue antes: James Humphrey Morris, que nació en 1926 en Somerset, Inglaterra, y cuya educación y trayectoria profesional eran típicas de los hombres ingleses privilegiados de la época. Fue becario coral en el Colegio Christ Church, de la Universidad de Oxford; sirvió en el 9º.

Regimiento de Lanceros de la Reina durante los últimos años de la Segunda Guerra Mundial; y a los 23 años se casó con Elizabeth Tuckniss. Criaron a cuatro hijos juntos (una quinta murió en la infancia). Morris trabajó como periodista para The Times de Londres.

En 1953, el relato exclusivo del histórico ascenso de Sir Edmund Hillary y Tenzing Norgay del Monte Everest hizo famosa a Morris. Una fama diferente vendría en 1972 cuando, tras una vida de sentirse atrapada dentro de un cuerpo que sentía como si perteneciera a alguien más, se sometió a una cirugía de reasignación de género. Pocas personas en ese entonces comprendían qué implicaba una transición así.

“Tenía 3 o quizá 4 años de edad cuando me di cuenta de que había nacido en el cuerpo equivocado, y realmente debería ser una niña”, escribió la autora, ahora conocida como Jan, en “Conundrum” (Dilema), el recuento de su lucha para reconciliar cuerpo y espíritu.

El factor constante más grande en su vida ha sido Elizabeth, que primero fue su esposa y luego su ex esposa —el matrimonio entre personas del mismo sexo era ilegal en Gran Bretaña en 1972— y ahora es su pareja civil legal, su compañera más cercana durante más de 70 años. La pareja se instaló en Gales; Elizabeth principalmente se quedaba en casa y Morris viajaba y escribía.

Ahora Morris contempla su vida desde la perspectiva de sus 93 años y recuerda la expedición al Everest. Cubrirla requería incorporarse al equipo del Everest, ascendiendo 4 mil 500 metros al campamento base. “Alteró mi vida tanto”, dice. “Y ahora soy el único miembro sobreviviente de la expedición, y los extraño a todos”.

Ahora habita la tierra fastidiosa de lo que llama la “vejez extrema”. La longevidad la ha hecho más interesante, piensa, pero no es tan divertida cuando hay demasiado de ella. Ya no puede viajar mucho y Elizabeth padece demencia.

“In My Mind’s Eye” —una colección de ensayos, escritos uno por día en el curso de meses— revela que su estilo de escribir es igual de elegante como siempre. Los ensayos aluden a la belleza de los arcos iris galeses; la locura de la política contemporánea; y la cotidianidad trascendente de la vida familiar. También escribe sobre la importancia de la amabilidad, a los demás y a la naturaleza.

Tras vivir por iguales periodos de tiempo como hombre y mujer, Morris dice que la transición que hizo hace mucho tiempo se siente menos relevante.

“Para mí el género no es físico en absoluto, sino que es totalmente insustancial. Es alma, quizá, es talento, es gusto, es entorno, es como uno se siente, es luz y sombra, es música interior, es caminar con brío o un intercambio de miradas, es más verdaderamente la vida y el amor que cualquier combinación de genitales, ovarios y hormonas”, escribe en “Conundrum”.

 The New York Times