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Por Patrick Kingsley

LONDONDERRY, Irlanda del Norte — Comenzó con una redada policíaca ante la sospecha de un escondite de armas cerca del club juvenil de Stevie Mallett. Algunos residentes respondieron con piedras, bombas de gasolina y, finalmente, balas disparadas a la Policía. Una joven periodista cayó muerta.

Para algunos en Irlanda del Norte, el disturbio a mediados de abril fue un eco de un conflicto que terminó en 1998. Pero para Mallett, que conoce personalmente a algunos de los jóvenes involucrados, fue, hasta cierto grado, predecible.

“Les dices todo el tiempo que las cosas mejorarán, pero ellos dicen: ¿Cuándo? ¿Cuándo va a suceder?”, dijo Mallett, mientras caminaba por la calle donde la periodista, Lyra McKee, fue abatida mientras estaba parada detrás de las líneas de la Policía. “Seguimos viviendo en la pobreza”.

Después de una guerra de guerrillas que duró casi tres décadas, el tratado de paz, conocido como el Acuerdo de Viernes Santo, persuadió a los grupos milicianos de la región, de forma más notable al Ejército Republicano Irlandés Provisional (IRA Provisional), a deponer sus armas. Se creó una nueva forma de Gobierno para compartir poder entre aquellos que querían que la región siguiera siendo parte de Reino Unido y aquellos que buscaban una Irlanda unida.

Se prometieron enormes inversiones para rejuvenecer a la economía. Se eliminaron los controles fronterizos.

No obstante, 21 años después del trato, aún hay quienes buscan reunir a Irlanda a través del conflicto armado. Estadísticas de la Policía muestran que aunque el número de incidentes relacionados con paramilitares ha menguado ligeramente en la última década, todavía se dan con regularidad: hubo 68 incidentes por tiroteos y bombas registrados del 2017 al 2018.

El Nuevo IRA es uno de esos grupos paramilitares. Ha sido vinculado a una serie de incidentes, incluyendo la muerte por arma de fuego de McKee.

Mallett dice que las acciones del Nuevo IRA pueden ser explicadas, aunque no justificadas, en parte por la precaria situación económica en la que muchos se hallan todavía.

La economía de Londonderry crece con más lentitud que la de cualquier otra ciudad en Reino Unido, de acuerdo con un análisis. Su tasa de desempleo está en el 3 por ciento más bajo de todos los distritos en el País. Muchos sienten que nunca han experimentado el dividendo económico prometido por el tratado de paz.

El colapso del acuerdo regional para compartir el poder, que ha dejado a Irlanda del Norte sin un Gobierno local, también ha contribuido a un sentido de que el proceso de paz siguió un mal camino, al igual que la posibilidad del Brexit, que podría obligar a la reintroducción de controles fronterizos.

Por su parte, el Nuevo IRA niega que sus miembros estén motivados por la privación económica, Brexit o arrugas en el proceso de paz. Dice que sus miembros son impulsados principalmente por el objetivo de la reunificación irlandesa.

“No tiene nada que ver con dinero”, dijo un miembro del movimiento. “Podríamos tener todo el dinero del mundo, pero hasta que haya una retirada británica total, continuaremos luchando”.
Sin embargo, cualquier regreso a una frontera dura, dijo, sería una herramienta de reclutamiento útil.

“Una frontera dura sería brillante”, indicó. “Resucita la idea de que este País está dividido”.

The New York Times