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Por Elian Peltier y Andrea Mantovani

LA ROCHELLE, Francia — Al alba un sábado reciente, la tripulación del barco pesquero de arrastre L’Arlequin II extrajo su red en forma de cono de la Bahía de Vizcaya y halló la pesca usual apiñada en el fondo: cientos de róbalos.

Y dos delfines muertos.

Mil 200 delfines, cifra récord, han encallado en la costa atlántica de Francia desde enero, la mayoría con heridas que sugieren que murieron tras quedar atrapados en redes de pesca.

Por cada cadáver que termina en una playa, varios más se descomponen en el mar, dicen biólogos de la fauna silvestre, lo que sugiere que hasta 6 mil de los 200 mil delfines comunes que viven en la Bahía de Vizcaya pueden haber perecido en sólo cuatro meses.

La mayoría de la gente coincide en que la pesca es responsable, pero el consenso acaba allí.

Los pescadores afirman que las capturas no intencionales siguen siendo inusuales, si no es que excepcionales, mientras que los científicos advierten que los barcos pesqueros representan una importante amenaza para los mamíferos.

Activistas de un grupo ambiental, la Sea Shepherd Conservation Society, acaban de completar un esfuerzo de dos meses para documentar las muertes y cuáles barcos los causan.

La presencia de los activistas molesta a los pescadores. “El que Sea Shepherd luche contra los cazadores de ballenas en Japón está bien, pero ¿que nos sigan mientras trabajamos y nos acosen a nosotros, los pequeños pescadores decentes, porque algunos de nosotros a veces atrapamos a algunos delfines? Es desproporcionado”, dijo Jean Lagarde, de 75 años, de La Rochelle, un puerto en la costa atlántica.

La Bahía de Vizcaya, el enorme golfo al oeste de Francia y al norte de España, ha sido por mucho tiempo un refugio para los delfines, rebosando de bancos de sardinas, arenques y otros peces que comen.

Los biólogos en el Observatorio Pelagis, financiado por el Gobierno, en La Rochelle notaron un disparo súbito en las muertes de delfines en el 2017, cuando mil 200 de ellos fueron hallados en la costa francesa, seguidos por 900 más en el 2018.

Como resultado de los límites a la pesca del lenguado, un pez que habita en el fondo del mar, algunos barcos han estado usando redes más altas, lo que podría haber llevado a más capturas indeseadas de defines.

Prohibir los métodos de pesca que recogen cualquier criatura presente amenazaría el sustento de cientos de pescadores. El Gobierno apoya la investigación de repelentes acústicos, conocidos como “pingers”, que hacen sonidos que ahuyentan a los delfines. Pero L’Arlequin II, que utiliza “pingers”, aún así atrapó a delfines.

“Los delfines son depredadores en la Bahía de Vizcaya, y la industria de la pesca los está convirtiendo en presas”, dijo Lamya Essemlali, directora de Sea Shepherd en Francia. “Podemos debatir qué necesita hacerse, pero eso debe cesar, y punto”.

 The New York Times