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Por Matt Apuzzo y Adam Satariano

LONDRES — Unos días antes de las cruciales elecciones para el Parlamento europeo, una constelación de sitios in internet y cuentas de redes sociales vinculadas con Rusia o con grupos de extrema derecha está difundiendo desinformación, fomentando la discordia y ampliando la desconfianza hacia los partidos centristas que han gobernado durante décadas.

Por ejemplo, sitios marginales de comentarios políticos en Italia ostentan las mismas firmas electrónicas que websites pro-Kremlin, mientras que un par de grupos políticos alemanes comparten servidores usados por los hackers rusos que atacaron al Comité Nacional Demócrata en Estados Unidos.

La actividad ofrece nueva evidencia de que Rusia sigue resuelta en su campaña por ampliar las divisiones políticas y debilitar a las instituciones occidentales. Pese a los esfuerzos de vigilancia en línea, sigue siendo mucho más fácil propagar información falsa que detenerla.

Rusia se mantiene como una fuerza motriz, pero los investigadores también descubrieron imitadores, en particular en la extrema derecha. Esos grupos a menudo hacen eco de los puntos de conversación del Kremlin, lo que vuelve difícil discernir las líneas entre propaganda rusa, desinformación de extrema derecha y debate político auténtico.

Los investigadores creen que redes de perfiles de Facebook, cuentas de Twitter, grupos de WhatsApp y sitios en internet difunden historias falsas y divisivas sobre la Unión Europea, la OTAN, los inmigrantes y más asuntos.

“El objetivo aquí es más grande que cualquier elección en sí”, dijo Daniel Jones, cuya organización sin fines de lucro, Advance Democracy, recientemente señaló como sospechosos varios websites y cuentas de redes sociales ante las autoridades de imposición de la ley. “Es dividir constantemente, aumentar la desconfianza y socavar nuestra fe en las instituciones y la democracia misma. Están trabajando para destruir todo lo que se construyó después de la Segunda Guerra Mundial”.

Las elecciones del Parlamento europeo, que se llevarán a cabo entre el 23 y 26 de mayo, son consideradas como una prueba del creciente populismo en la Unión Europea. Líderes populistas se han unido extraoficialmente con la esperanza de expandir su influencia en el Parlamento y, a su vez, redireccionar o trastocar la creación de políticas en Bruselas.

Las autoridades no han acusado públicamente al Kremlin de respaldar a candidatos específicos, pero el Presidente Vladimir V. Putin desde hace mucho tiempo ha buscado dividir a la Unión Europea, y ha apoyado a movimientos populistas que buscan socavar al bloque desde adentro.
Rusia desestima las acusaciones de intromisión.

“Sospechar de alguien de un suceso que aún no ha tenido lugar es una bola de tonterías paranoicas”, dijo el Primer Ministro ruso, Dmitri A. Medvedev, en marzo.

Sin embargo, los investigadores han encontrado cientos de cuentas de Facebook y Twitter, más de mil ejemplos de mensajes de WhatsApp que comparten materiales sospechosos, y una mezcolanza de websites sospechosos que promueven la desinformación.

Resulta casi imposible cuantificar la escala y repercusión de la desinformación. Los investigadores dicen que millones de personas ven el material.

No obstante, aún cuando Rusia sigue siendo una preocupación, los funcionarios dicen que grupos políticos por todo el Continente —en particular los partidarios de la ultraderecha— están adoptando muchas de las tácticas del Kremlin, lo que confunde aún más quién está detrás de los mensajes.

Las compañías han endurecido las políticas para eliminar las cuentas falsas, pero los investigadores dicen que esas plataformas siempre serán terreno fértil para campañas de influencias.

Desde el 2016, Facebook ha contratado a miles personas para trabajar en seguridad y elecciones, incluso en un nuevo centro en Dublín para coordinar la supervisión de las elecciones de Europa. Ha eliminado casi 2.8 mil millones de cuentas falsas y prohibido redes que propagan desinformación.

Pero los investigadores dicen que las tácticas de desinformación están cambiando junto con los hábitos digitales de la gente.

 The New York Times