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Por Neil Irwin

SYDNEY, Australia — Para entender por qué la Administración Trump ha batallado para formar una coalición de aliados en su guerra comercial con China, ayuda entender lo que sucede en las colinas y valles de la costa de Australia.

Viñedos que alguna vez elaboraron vinos blancos frescos y tintos afrutados, populares entre los compradores estadounidenses, ahora producen también vinos tintos más austeros preferidos por los bebedores chinos. Desde el 2008, las exportaciones de vino de Australia a Estados Unidos han caído 37 por ciento; las exportaciones a China han subido 959 por ciento.

Por todo el mundo, aliados de mucho tiempo planean un mundo en el que EU ya no es el centro económico. Pese a todas las frustraciones de hacer negocios con China, la simple lógica de la geografía económica demuestra ser más significativa que las alianzas históricas.

La tensión es evidente en muchos países con profundos lazos económicos con EU, entre ellos Corea del Sur, Japón y Alemania. Pero quizás en ningún lado ese estira y afloja es tan vívido como en Australia, uno de los aliados más cercanos de EU desde hace mucho tiempo, que ahora se ve atraído en la dirección opuesta por China, su mercado de exportación más grande.

La enorme población y el veloz crecimiento de China atraerán a más países a su órbita económica. Pero esa atracción también refleja medidas recientes tomadas por EU para socavar instituciones que los propios estadounidenses ayudaron a crear para guiar el sistema económico global.

La Administración Trump ha impuesto aranceles al acero y el aluminio de aliados cercanos; se ha alejado del Acuerdo Trans-Pacífico, cuyo objetivo era crear un bloque comercial que contrarrestara la influencia china, y ha tomado medidas para socavar a la Organización Mundial de Comercio, a la que muchos países más pequeños ven como esencial para recibir un trato justo en comercio global.

El Gobierno australiano, liderado por el Primer Ministro Scott Morrison, ha buscado mantener lazos cercanos tanto con EU como con China.

No obstante, las exportaciones más económicamente significativas de Australia son los commodities, entre ellos el mineral de hierro, carbón y gas natural, lo que ha ayudado a suministrar materia prima para el repunte económico de China. También hay 165 mil estudiantes de origen chino en las universidades australianas, una crucial fuente de ingresos.

Compradores de China ayudaron a avivar el mercado de la vivienda; restricciones más severas sobre la libertad de los ciudadanos chinos para transferir dinero al extranjero han sido un factor en la desaceleración del sector.

En los últimos 10 años, China se ha convertido en el mercado de exportaciones más grande para el vino australiano. Las filas de la clase media china han crecido astronómicamente.

Un acuerdo comercial entre ambos países en el 2015 redujo aranceles. Y una extensa campaña de mercadotecnia ha ayudado a asegurar que muchos consumidores chinos favorecieran las marcas australianas.

La combinación de población y geografía hizo que un desplazamiento australiano hacia la órbita económica china fuera inevitable una vez que China comenzó a abrir su economía en los 80.

Lo que ha cambiado es que el riesgo de un sistema de comercio mundial dividido ha creado un nuevo apremio para intentar mantener opciones en ambos bandos.

“No hay necesidad de que las empresas australianas o el Gobierno australiano sean rígidos acerca de aliarse ya sea con China o con EU con exclusión del otro”, dijo Adrian Perkins, socio en la firma legal King & Wood Mallesons, producto de la fusión entre una firma china y una australiana. “La ruta sensata es mantener todas las opciones abiertas”.

 The New York Times