• |
  • |

Por Natalie Kitroeff y David Gelles

Una ofensiva seductora de Boeing para persuadir a aerolíneas, tripulaciones y pasajeros de que apoyen su avión 737 Max ya está encontrando resistencia.

El esfuerzo se está complicando por un problema ocasionado por la propia compañía: después de una desatinada respuesta a dos accidentes mortales que involucraron a este modelo, Boeing enfrenta problemas de credibilidad.

Cuando Boeing envió recientemente a uno de sus principales cabilderos, John Moloney, a la sede del influyente sindicato que representa a los sobrecargos de vuelo, llegó decidido a ganarse su apoyo. Se encontró con un público escéptico.

“A juzgar por su lenguaje corporal, se ven cínicos”, dijo Moloney durante la discusión con la Asociación de Sobrecargos de Vuelo. “Si esta explicación no aborda sus preocupaciones, regresaré. Traeré un piloto”.

Sara Nelson, la jefa del sindicato, dijo a Moloney que, aunque quería que Boeing tuviera éxito, no estaba preparada para decirles a los sobrecargos y a los viajeros que volaran en el avión.

“No sé si, en este preciso momento, yo pueda decir que hay plena confianza en que todo se ha arreglado en Boeing”, dijo a Moloney.

El director ejecutivo de la compañía, Dennis A. Muilenburg, también ha trabajado para ganarse a las aerolíneas estadounidenses que vuelan el Max —Southwest Airlines, American Airlines y United Airlines— y se ha reunido con aerolíneas extranjeras para discutir nuevas capacitaciones y planes para una campaña publicitaria.

Boeing está a la defensiva. La compañía enfrenta investigaciones federales por los defectos de diseño que contribuyeron a los accidentes, junto con demandas de las familias de las víctimas. A los ejecutivos de la compañía y miembros del consejo les preocupa el daño que ha sufrido la antes magnífica reputación de Boeing.

“Todos nosotros reconocemos que vamos a tener que luchar durante años para restablecer la confianza en la marca Boeing”, dijo David Calhoun, director independiente principal del consejo de Boeing.

“Sólo hay una cosa que hacer, y es volver a poner un avión seguro en el cielo”, añadió.

Boeing trabaja intensamente desde marzo para que el Max vuelva a volar. El mes pasado recibió a cientos de funcionarios de aerolíneas y pilotos en la fábrica del 737 Max en Renton, Washington, y está en constante diálogo con los reguladores. A mediados de mayo, la compañía anunció el desarrollo de una solución de software que espera que aprueben los reguladores estadounidenses.

“Al final, la decisión de devolver el Max al servicio comercial está en manos de los reguladores mundiales”, dijo Gordon Johndroe, portavoz de Boeing.

De forma simultánea, Boeing está desarrollando una estrategia de relaciones públicas para llegar a los pasajeros. La compañía y las aerolíneas coinciden en que el director ejecutivo, Muilenburg, como el rostro de una empresa que está bajo intenso escrutinio, no sería el mensajero más eficaz. En cambio, el plan requiere que los pilotos desempeñen un papel crucial en la campaña.

“Creemos que una voz clave en todo esto serán los pilotos de nuestras aerolíneas, y su voz es muy importante”, dijo Muilenburg en el informe sobre ganancias de Boeing el mes pasado.

Los ejecutivos de las aerolíneas en EU están ansiosos de que el avión regrese al servicio, pero muchos se sienten frustrados en privado con la compañía. Creen que Boeing ha manejado muy mal la respuesta pública a los accidentes y les molesta que el bombardeo de relaciones públicas recaiga en sus pilotos.

Los pilotos también están reacios a convertirse en embajadores de Boeing, que prácticamente no interactuaba con ellos antes del accidente de Lion Air en Indonesia, en octubre, el primero de los dos accidentes mortales.

En parte, la renuencia se debe a los mensajes contradictorios de Boeing. A pesar de haber dicho: “Nos hacemos responsables”, Muilenburg no ha reconocido que haya algo malo con el diseño del avión.

Grupos de pasajeros han exigido que Boeing asuma una mayor responsabilidad. “Si realmente quisieran arreglar el problema, uno pensaría que admitirían que es su culpa”, dijo Paul Hudson, presidente de Flyers Rights, organización sin fines de lucro que aboga por los pasajeros. “No puedes decir: ‘Ah, nos hacemos responsables, pero no hicimos nada malo y es culpa de alguien más’”.

Hacia el final de la reunión con los sobrecargos, Moloney hizo un último intento para ganárselos.

“Queremos que puedan decirles a sus miembros que este avión es seguro para volar”, dijo Moloney. “Cueste lo que cueste”.

The New York Times