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Por Benedict Carey

La investigación sobre estimulación cerebral avanza de manera tan rápida, y los hallazgos son tan desconcertantes, que quienes siguen el tema batallan para sacarle sentido a todo ello.

Sólo en el último mes, científicos reportaron haber aumentado la memoria de trabajo de personas de edad avanzada, al usar corriente eléctrica conducida a través de un gorro, y restaurar algunas funciones cognitivas en una mujer con daño cerebral, mediante electrodos implantados.

Más recientemente, la Dirección de Alimentos y Medicamentos (FDA) de Estados Unidos aprobó un estimulador del tamaño de un celular para aliviar problemas de déficit de atención al liberar corriente eléctrica a través de un parche colocado en la frente.

El año pasado, otro grupo de científicos informó que también había creado un implante cerebral que estimula el almacenamiento en la memoria. Y sigue creciendo una subcultura tipo “hágalo usted mismo” de personas que experimentan colocando electrodos en el cráneo o en la frente para una “afinación” cerebral.

El campo de la neuroestimulación es digno de observarlo, porque da indicios de algunas propiedades elementales de la función cerebral. A diferencia de los fármacos psiquiátricos, o la terapia psicológica, los pulsos de corriente pueden modificar el comportamiento de las personas muy rápido y de manera confiable.

Los científicos a menudo comparan la función cerebral con una sinfonía. “Si observas tocar a una orquesta, cuando comienza, el chelista mira a la persona que está a su lado, no al director”, dijo Michael Gazzaniga, psicólogo en la Universidad de California en Santa Bárbara. “La pregunta para mí es: ¿el cerebro tiene un director?”.

La forma más cruda de intervención eléctrica es la terapia electroconvulsiva (TEC), la cual envía una corriente a través del cerebro que induce una convulsión, lo que brinda un alivio por lo menos temporal a algunas personas con depresión grave.

Los médicos han usado la TEC durante casi un siglo, aunque el tratamiento es controversial. La TEC es similar a detener la interpretación de la orquesta y enviar a los músicos a casa para que descansen y regresen al día siguiente descansados.

Una forma más específica de terapia eléctrica, llamada estimulación cerebral profunda (ECP), ha sido usada para manejar condiciones como el mal de Parkinson y la epilepsia. En la ECP, se introduce un electrodo en un área específica del cerebro que está causando el trastorno; al estimularlo, paradójicamente, se elimina la actividad en esa región.

Los estudios recientes sobre estimulación cerebral emplean una técnica diferente, pero que de todos modos puede ser entendida en términos de una orquesta. En uno de los estudios, científicos de la Universidad de Boston descubrieron que podían mejorar la memoria de trabajo en adultos mayores al optimizar lo que se llama “acoplamiento” rítmico entre áreas de las cortezas frontal y temporal del cerebro de una persona.

En el cerebro, las actividades de regiones distantes se coordinan por medio de ondas theta de baja frecuencia. Los investigadores usaron estimulación eléctrica, administrada a través de un gorro, para amplificar estas ondas, aumentando la coordinación entre las dos regiones del cerebro.

“Pensamos que lo que estamos haciendo es esencialmente sincronizar estas dos áreas separadas”, dijo Robert M.G. Reinhart, neurólogo en la Universidad de Boston y uno de los autores del estudio.

 The New York Times