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ROVANIEMI, Finlandia — El Ártico se está descongelando, y China está aprovechando la oportunidad de extender su influencia en el norte.

Para China, la disminución del hielo ofrece potencialmente dos premios importantes: nuevas fuentes de energía y una ruta más rápida para las embarcaciones por toda la parte superior del mundo. Es por eso que el País está cultivando lazos más profundos con Rusia.

Cuadrillas chinas han estado perforando en busca de gas bajo las aguas gélidas del Mar de Kara frente a la costa norte de Rusia. Cada verano durante los últimos cinco años, buques de carga chinos han sorteado las placas de hielo en aguas rusas —un nuevo camino que a los funcionarios en Beijing les gusta llamar la Ruta Polar de la Seda. Y en Shanghai, constructoras navales acaban de lanzar el segundo rompehielos del País, el Dragón de Nieve 2.

Las ambiciones de China en el Lejano Norte reflejan las ambiciones del País en todos lados, comentó Aleksi Harkonen, Embajador finlandés de asuntos árticos. “Va tras influencia global, incluyendo en la región ártica”, expresó.

La asociación China-Rusia promueve las agendas de ambos países en la región, al menos por ahora. También se da con un telón de fondo de hostilidad creciente entre China y EU por cuestiones como comercio, disputas territoriales y acusaciones de espionaje.

Esa tensión se está desbordando al Ártico.

En abril, el Departamento de Defensa de EU, en un reporte anual sobre el poderío militar de China, incluyó por primera vez una sección sobre el Ártico y advirtió de los riesgos de una creciente presencia china en la región, incluyendo el posible despliegue de submarinos nucleares en el futuro.

Recientemente, el Secretario de Estado, Mike Pompeo, aprovechó una reunión de Ministros del Exterior en Rovaniemi, sólo unos kilómetros al sur del Círculo Ártico, para arremeter contra China por lo que llamó su “conducta agresiva” en la región y apuntó a las acciones de Beijing en otras partes del mundo.

Algunos analistas dicen que China no tiene presencia militar ni disputas territoriales en el Ártico. Sus actividades son comerciales y científicas, por ahora.

Sin embargo, Beijing tiene mucho que ganar, estratégicamente, en un Ártico cada vez más cálido, y está enfocada en sus metas a largo plazo.

China intenta inyectar dinero en casi todo País ártico. Ha invertido miles de millones de dólares en la extracción de energía bajo el permafrost en la Península de Yamal, en el norte de Rusia. Está perforando en busca de gas en aguas rusas junto con la compañía rusa Gazprom. Busca minerales en Groenlandia.

Y su coloso de las telecomunicaciones está ansioso por asociarse con una compañía finlandesa que quiere instalar un nuevo cable de internet submarino para conectar el norte de Europa con Asia.

Barcos chinos también están navegando la Ruta Marítima del Norte, y aunque el pasaje es complicado de sortear, el cambio climático está abriendo esa ruta de embarque durante periodos más largos del año.

La relación de China y Rusia es cada vez más vital para ambos países. Rusia necesita la inversión china para extraer los recursos naturales bajo el permafrost y monetizar su larga costa ártica, especialmente luego de que EU impuso sanciones a raíz de la anexión rusa de Crimea en el 2014.

Y por lo tanto, el otrora recelo de Rusia por la competencia en el Ártico ha dado lugar a una nueva apertura con China.

El Presidente Vladimir V. Putin se ha reunido más con su homólogo chino, Xi Jinping, que con cualquier otro líder extranjero.

En abril, Putin apareció junto con Xi en Beijing para proponer que la Ruta Marítima del Norte en descongelación en aguas rusas quede vinculada con el enorme esfuerzo de infraestructura chino, conocido como la Iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda. Putin dijo que se crearía “una ruta global competitiva” uniendo gran parte de Asia con Europa.

Hay planes de mayor cooperación. China y Rusia acaban de anunciar que establecerían un centro de investigación conjunta que estudiaría, entre otras cosas, los cambios en las condiciones de hielo marino a lo largo de la Ruta Marítima del Norte.

China llegó a un acuerdo de libre comercio con Islandia hace seis años, dándole a la diminuta nación un mercado gigante para una de sus principales exportaciones: pescados. Una compañía china propuso asociarse con Groenlandia en la reconstrucción de aeropuertos, incitando, en cambio, a Dinamarca a intervenir y suscribir el proyecto.

“Los países árticos no pueden rechazar las inversiones”, dijo Harkonen. “Queremos estar seguros de qué es lo que busca China”.

The New York Times