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LONDRES — Durante años, el Dover College, en la costa sureste de Inglaterra, ha atraído a estudiantes de verano del otro lado del Canal, con los padres dispuestos a pagar para que sus hijos aprendan inglés en un entorno de plantel de internado.

El Brexit ha cambiado todo eso. La matrícula se ha desplomado y Gareth Doodes, el director, ha ajustado su presupuesto futuro en vista de una nueva realidad.
“He cambiado mi modelo de negocios”, dijo Doodes, cuyo plantel tiene alrededor de 300 alumnos internos y externos.

El debate interminable sobre cómo abandonará Gran Bretaña la Unión Europea podría extenderse hasta octubre, la fecha límite más reciente para el Brexit. Y más de 2 mil escuelas privadas en el País y miles de campus en el extranjero están inmersos en debates sobre cómo prepararse mejor para una población estudiantil cambiada.

Las escuelas británicas han gozado de atractivo entre los estudiantes asiáticos, y algunas hasta podrían terminar siendo una adquisición atractiva para inversionistas extranjeros de lugares como India y China. Algunas instituciones educativas han buscado protegerse al abrir campus en el extranjero, según el Consejo de Escuelas Independientes (ISC, por sus siglas en inglés), una organización nacional.

“Hay una sensación intranquila respecto al Brexit”, dijo Colin Bell, director ejecutivo del Consejo de Escuelas Internacionales Británicas, una afiliada del ISC que planea empezar a capacitar a maestros en ciudades como Bruselas. “Hay cierta preocupación respecto a la percepción de que el Reino Unido ya no da la bienvenida a extranjeros”.

Beate Schweighofer, una austriaca que tenía 10 años de residir en Gran Bretaña, empezó a sentir desasosiego tras el voto en el 2016 a favor de dejar la UE. “Sentimos que esa apertura que tanto atesorábamos en el País había sido corrompida”, dijo Schweighofer, que tiene tres niños pequeños.

También era de la opinión que el Brexit dañaría la economía y reduciría los fondos para las escuelas estatales, incluyendo a la que asistía su hijo. Dijo que ella y su esposo tenían la impresión de que estarían criando a sus hijos “en una sociedad que está al punto del colapso en muchos de los servicios que son importantes para nosotros”.

Así que abandonó su empleo para encontrar trabajo en Frankfurt, a donde su esposo, operador en un banco internacional, podía ser transferido y donde sus hijos asistirán a una escuela privada.

Pero el Brexit también ha sido una complicación para los educadores en Frankfurt y Amsterdam. Las escuelas privadas que anticipan inscribir a los hijos de padres transferidos no están seguras de cuántos alumnos esperar, qué edades tendrán o cuándo se presentarán.

Muchas escuelas ya están saturadas. El Colegio Americano de La Haya tiene una lista de espera y ha estado intentando ampliar sus instalaciones. King’s College, parte de una coalición de escuelas en España, Panamá, Letonia y Gran Bretaña, abrió un campus en Frankfurt el verano pasado. La incursión a Alemania antecedió al Brexit.

Y planteles como King’s también compiten por maestros con instituciones en Dubai, Singapur y China. Los salarios aumentarán, dijo Nicholas Fry, vice presidente del consejo en King’s Group, así que es probable que “caigan los márgenes”.

En Shanghai, Fraser White, presidente del consejo y fundador de Dulwich College International, monitorea los sucesos en Europa. Su grupo, vinculado con una escuela privada londinense del mismo nombre, tiene escuelas por toda Asia y está buscando expandirse.

“Europa se ha vuelto más atractivo que antes como sitio para construir Colegios Dulwich”, dijo White. “Estoy esperando a ver qué sucede con Brexit”.

The New York Times