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Por. Adrienne Harris

El resentimiento, así sea insignificante o serio, puede durar años, incluso décadas. Pero, ¿qué ganamos realmente con guardar rencor?

Algunas investigaciones muestran que el rencor puede ser dañino para nuestra salud a largo plazo.

“Aferrarse a un resentimiento realmente es una estrategia ineficaz para lidiar con una situación de vida que no hemos sabido dominar”, señaló Frederic Luskin, fundador del Proyecto de Perdón de la Universidad de Stanford, a The New York Times.

“Siempre que no podemos lamentar y asimilar lo que ha sucedido, nos aferramos a ello en cierta forma”, agregó. “Si es amargura, uno se aferra a ella con enojo. Si es un imposible, uno se aferra a ello con desesperanza. Pero ambas son reacciones psico-fisiológicas a una incapacidad de superar algo, y ambas ocasionan daño mental y físico”.

Un estudio publicado en el 2006 en The Journal of Clinical Psychology como parte del Proyecto de Perdón de Stanford halló que el entrenamiento del perdón podría reducir el enojo como estilo de sobrellevar las cosas y, por ende, podría reducir el estrés en los sistemas inmunológico y cardiovascular.

Además, un estudio publicado este año arrojó que cargar con el enojo hasta la vejez está asociado con niveles más altos de inflamación y enfermedades crónicas.

No obstante, algunas personas argumentan que guardar rencor es positivo.

Sophie Hannah, una novelista policiaca, echó mano de su experiencia en la terapia para escribir el libro “How to Hold a Grudge” (Cómo Guardar Rencor). Cree que el rencor no es un sentimiento negativo, sino una historia de la que uno puede aprender.

“Cuando alguien ha cometido algún tipo de mala acción contra nosotros, el resentimiento es nuestra historia que recordamos de ese incidente, porque nos beneficia que esa historia sea recordada”, explicó a The Times.

Un resentimiento fuerte también puede consolar y validar, creando espacio para reconocer que sucedió algo malo. Si no permite uno que las cosas molesten, se está privando de la oportunidad de resolver emociones negativas, comentó Hannah.

Como parte de su proceso, Hannah sugiere escribir una historia de rencor para analizar qué sucedió y brindar espacio para hacer que los sentimientos negativos sean más manejables.

Lo siguiente, indicó, es reescribir la narrativa: “si pudiera reescribir esta historia, cambiando sólo mi conducta, ¿qué cambios haría?”.

Articular un resentimiento en esta forma nos podría hacer sentir como un participante activo en la situación en lugar de una víctima.

Deborah Tannen, profesora de lingüística en la Universidad de Georgetown, en Washington, dijo que es importante saber cuándo amerita ofrecer una disculpa.

De acuerdo con un estudio del 2016, una disculpa efectiva involucra seis pasos. Se debe expresar remordimiento, explicar qué salió mal, admitir responsabilidad, declarar arrepentimiento, ofrecer una solución y pedir perdón.

Esto no es fácil. De hecho, se siente bien no disculparse.

Un estudio publicado en The European Journal of Social Psychology encontró que la gente que se rehusaba a pedir perdón tras un error se sentía más poderosa y tenía la autoestima más alta que quienes no se negaban a hacerlo.

Sin embargo, aunque no disculparse podrá sentirse bien personalmente, no ayuda a llevarse bien con otros.

 The New York Times