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Por: Sarah Maslin Nir

AGOTIME BEH, Ghana — Después de graduarse de la universidad, Vozbeth Kofi Azumah estaba renuente a contarle a alguien a lo que planeaba dedicarse.
“Soy agricultor”, dijo una tarde hace poco. “Aquí, eso es una vergüenza”.

En algunas partes del mundo, los agricultores son vistos con respeto. Pero en una región en la que la mayor parte de la agricultura sigue siendo de subsistencia, la agricultura es sinónimo de pobreza.

Azumah se encuentra entre un creciente número de jóvenes africanos con educación universitaria que lucha por profesionalizar la agricultura. Están empleando métodos científicos y apps de procesamiento de datos no sólo para incrementar la producción, sino para demostrar que la agricultura puede ser rentable.

Se autodenominan “agroemprendedores”.

Redes de distribución subdesarrolladas, caminos en mal estado y un suministro inconstante de agua son obstáculos incluso para el agricultor más competente, y muchos de estos aspirantes a agricultores tienen muy poca capacitación o experiencia. Sin embargo, esperan ganar dinero así como combatir el desconcertante cálculo de un continente que tiene cerca del 65 por ciento de la tierra más cultivable del mundo sin trabajar, mientras que importa más de 35 mil millones de dólares en alimentos al año, de acuerdo con un informe del Banco Africano de Desarrollo.

En Ghana han contado con el apoyo del Gobierno, que se encuentra en medio del ambicioso lanzamiento nacional de un proyecto para aumentar la capacidad agrícola y persuadir a los jóvenes a que regresen al campo. Como sucede en buena parte del resto del continente, los agricultores de Ghana están envejeciendo, mientras que los jóvenes llegan a las ciudades en busca de empleos a pesar de la tasa de desempleo juvenil al alza.

Algunos jóvenes agricultores han dejado atrás empleos cómodos. Suelen ser personas con medios suficientes para arrendar o comprar enormes extensiones de tierra, y que pueden absorber las pérdidas. Detrás de su labor está un sentimiento de que lo que está en juego es el futuro económico de África.

“Tenemos que hacer que la agricultura sea sexy”, dijo Emmanuel Ansah-Amprofi, mientras jornaleros en su granja en Gomoa Mpota plantaban brotes de yuca en hileras.

Ansah-Amprofi, de 39 años, estaba trabajando en el campo de Derecho migratorio cuando se dio cuenta de que había estado comprando cebolla de Holanda.

“¿Cómo podemos tener toda esta tierra fértil, buen clima, tantas fuentes de agua y seguir importando cebollas?”.

Dos años después, en el 2016, inició una granja donde cultiva frutas y verduras, y ayudó a fundar Trotro Tractor, una app que permite a los agricultores ubicar y rentar tractores compartidos.

Para Azumah, de 27 años, el futuro son las ratas gigantes. Y los caracoles gigantes. Ambos son un manjar en esta parte del mundo, cosechados por lo general de manera silvestre. Azumah identificó una oportunidad: la crianza en cautiverio. Cuando le contó a su madre, Martha Amuzu, ella lloró.

Su hijo ha transformado lo que alguna vez fue una pequeña parcela de subsistencia en “Maestros de Caracoles de África Occidental”. Ha iniciado con 500 caracoles de tierra del tamaño de un puño tomados del bosque. En otro edificio, tiene ratas.

Cuando su madre vio sus métodos modernos, quedó convencida.

Aunque alrededor del 60 por ciento de la población africana es menor de 24 años, la edad promedio de los campesinos o agricultores es de 60, de acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Sin intervención, dicen los expertos, África corre el riesgo de que nadie sustituya a los agricultores cuando mueran.

Al mismo tiempo, los cultivos sólo producen entre un 20 y un 30 por ciento de lo que podrían, hallaron investigaciones. La mayoría de los agricultores en el África subsahariana cultivan menos de media hectárea.

Desde que el Presidente Nana Akufo-Addo asumió el poder en el 2017, Ghana convirtió en iniciativa clave el aumento en la productividad de su sector agrícola.

El Gobierno ha desplegado por el País a más de 2 mil 700 trabajadores para capacitar a los agricultores sobre mejores prácticas. El año pasado, el Gobierno distribuyó 9.3 millones de plántulas para diversificar los cultivos.

Nana Adjoa A. Sifa, de 31 años, quien es licenciada en Psicología, se convirtió en agricultora tras años de trabajar para involucrar a los jóvenes y a las mujeres en la agricultura.
“Quiero transformar la mentalidad, y a África”, dijo Sifa.

 The New York Times