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Por: Salman Masood y Amy Qin

ISLAMABAD, Pakistán — Los padres de Rabia Kanwal estaban seguros de que su matrimonio con un adinerado musulmán chino que acababa de conocer le brindaría un futuro cómodo, lejos de las penurias de su vida en Pakistán. Pero ella tenía una premonición.

“No estaba emocionada”, dijo Kanwal, de 22 años, quien vive en un barrio pobre de Gujranwala, en la provincia oriental de Punjab. “Sentí que algo malo iba a pasar”.

Los matrimonios arreglados son comunes en Pakistán, pero éste era inusual. El novio, quien dijo ser un rico avicultor, conoció a la familia de Kanwal durante una estancia de un mes con una visa de turista. Tuvo que usar una app de traducción para comunicarse con ellos, pero en general causó una impresión favorable.

Kanwal siguió adelante con la boda. Pero dijo que al mudarse a China con su esposo en febrero se decepcionó con lo que encontró: él era un granjero pobre, no uno rico. Peor aún, no era musulmán. Con la ayuda de la eí, en cuestión de días estaba de regreso en casa y solicitando el divorcio.

Ella tuvo un final relativamente feliz. Pakistán ha sido sacudido por acusaciones de que al menos 150 mujeres fueron llevadas a China como recién casadas con engaños —no sólo les mintieron, sino que en algunos casos fueron forzadas a la prostitución. Otras dijeron que fueron obligadas a trabajar en bares y clubes, una práctica inaceptable en la conservadora cultura musulmana.

China tiene una de las proporciones de género más sesgadas del mundo, con 106.3 hombres por cada 100 mujeres al 2017. Esa desproporción es un producto de casi tres décadas de la política de un solo hijo de China y una preferencia por los niños sobre las niñas, una combinación que provocó un número incalculable de abortos inducidos e infanticidios femeninos.
A medida que los niños de esa política han empezado a llegar a la edad de casarse, ha aumentado la demanda de novias extranjeras.

El Gobierno paquistaní ha aplicado mano dura a los casamenteros, arrestando a al menos dos docenas de ciudadanos chinos y paquistaníes, y acusándolos de tráfico de personas. La Embajada china negó que las novias paquistaníes fueran maltratadas en China.

Investigadores paquistaníes dijeron que hombres en China pagaban a casamenteros para que arreglaran matrimonios. Los hombres cubrían los costos de las ceremonias y en algunos casos pagaban miles de dólares a las familias de las mujeres. Zhang Shuchen, el esposo de Kanwal, dijo que pagó alrededor de 14 mil 500 dólares a una agencia matrimonial china para que le ayudara a encontrar una esposa.

Nada de eso es ilegal en Pakistán. Las acusaciones de tráfico de personas surgen de las denuncias de que las mujeres fueron obligadas a prostituirse o llevadas a China con engaños.
Kanwal conoció a su esposo en la oficina del agente matrimonial en Islamabad. De acuerdo con Kanwal, el hombre dijo a la familia de ella que él era musulmán.

En febrero, después de la boda, la pareja llegó al pueblo de Dongzhang en la Provincia de Shandong, donde ella vio la granja de patos de su esposo. No era la enorme operación que había imaginado, sino una granja modesta donde él vivía con sus padres y hermanos.

“Ni siquiera eran musulmanes y él había fingido todo el tiempo”, dijo. “Ni siquiera había baños adecuados en su casa. Me inquieté y comencé a llorar”.

Shuchen, de 33 años, dijo que ahora ganaba unos 2 mil 900 dólares al mes, mucho más que los 180 dólares, más o menos, que ganaba el granjero chino promedio.

Kanwal logró enviar un correo electrónico a la Embajada paquistaní. Su estancia en China duró ocho días.

De acuerdo con algunos pobladores de Dongzhang, aún hay varias mujeres paquistaníes en la región. Se dice que dos esposas paquistaníes en una aldea vecina están embarazadas.

“No hay chicas aquí”, declaró la madre de Zhang, cuando se le preguntó por qué tantos hombres de la localidad habían ido a Pakistán en busca de esposa. “No nos permitían tener más hijos, así que todo mundo quería varones”.

 The New York Times