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Por Shannon Hall

El mes pasado, SpaceX lanzó al espacio 60 satélites de 227 kilos de peso. Pronto los observadores aficionados comenzaron a compartir imágenes de esos satélites en los cielos nocturnos, desatando un alboroto entre los astrónomos que temen que el cúmulo orbital planeado dañe la investigación científica y destruya nuestra visión del cosmos.

Y esos 60 satélites son una nada. SpaceX prevé lanzar miles de satélites —creando una mega-constelación de estrellas falsas llamada Starlink que conectará todo el planeta a Internet, e introducirá una nueva avenida de negocio para la compañía privada de vuelos espaciales.

Si bien los astrónomos coinciden en que el servicio global de Internet es un objetivo loable, los satélites son brillantes —tal vez demasiado brillantes.
“Esto tiene el potencial de cambiar la apariencia del cielo natural”, dijo Tyler Nordgren, un astrónomo.

Otras empresas, como Amazon, Telesat y OneWeb, también quieren incursionar en el negocio del Internet espacial. Sus ambiciones de hacer satélites casi tan numerosos como las torres de telefonía móvil destacan debates respecto al uso adecuado del espacio exterior tan antiguos como la era espacial.

Mientras las compañías privadas ven grandes oportunidades de negocio en la órbita terrestre baja y más allá, muchos observadores del cielo temen que el espacio ya no sea “la provincia de toda la humanidad”, como se establece en el Tratado sobre el Espacio Exterior de 1967.

Cada uno de los satélites de SpaceX porta un panel solar que recolecta luz solar y la refleja de vuelta a la Tierra. Elon Musk, fundador y director ejecutivo de SpaceX, ha asegurado que los satélites sólo serán visibles en las horas posteriores al atardecer y previas al amanecer, y muy apenas.

Pero las primeras imágenes llevaron a muchos científicos a cuestionar sus afirmaciones, al revelar, por ejemplo, una sarta de naves espaciales tan brillantes como Polaris, la Estrella del Norte. Y mientras que SpaceX dijo que los satélites se atenuarán a medida que se muevan a órbitas más altas, algunos astrónomos estiman que se podrán ver a simple vista durante las noches de verano.

Los astrónomos temen que estos reflejos amenacen la observación de las estrellas y su investigación.

Cada vez que un satélite pasa a través de una imagen de larga exposición del cielo, provoca una raya larga y brillante —que por lo general arruina la imagen y obliga a los astrónomos a tomar otra. Aunque los operadores de telescopios tienen años de lidiar con estos dolores de cabeza, Starlink por sí solo podría triplicar el número de satélites actualmente en órbita.

El Gran Telescopio para Rastreos Sinópticos, un telescopio de 8.40 metros en construcción en la cima de una montaña chilena, pronto hará escaneos de todo el cielo. Un cálculo sugiere que podría tener que lidiar con un satélite de Starlink en cada par de imágenes que tome durante las primeras horas del crepúsculo.

“Estamos realmente en el punto en el que tenemos que evaluar qué vamos a hacer”, dijo Ronald Drimmel, astrónomo del Observatorio Astrofísico de Turín, en Italia.

Estos satélites no sólo reflejan la luz, sino que también emiten radiofrecuencias. Las parabólicas utilizadas en la radioastronomía suelen construirse en lugares remotos, lejos de las torres celulares y las estaciones de radio. Pero si Starlink se lanza de lleno —con la capacidad de transmitir la recepción hacia cualquier lugar del planeta— las zonas silenciosas de radio podrían ser cosa del pasado.

Y a algunos les preocupa que Starlink planee operar en dos rangos de frecuencia que los astrónomos usan para cartografiar el gas en el universo —permitiéndoles ver cómo se ensamblan planetas tan grandes como Júpiter, y cómo se formaron las galaxias inmediatamente después del Big Bang.

“Si esos canales de frecuencia se vuelven inaccesibles, limitará excesivamente lo que podemos aprender sobre el universo primitivo”, dijo Caitlin Casey, astrónoma en la Universidad de Texas, en Austin.

El Observatorio Nacional de Radioastronomía, que opera instalaciones en todo el mundo, dijo que ha estado trabajando con SpaceX para minimizar los impactos potenciales.

Pese a las protestas, Drimmel dijo que no estaba pidiendo que se detuviera Starlink. (Musk ha pedido a SpaceX que trabaje en la reducción del brillo de los satélites futuros).
“No pretendo que la astronomía sea considerada más importante que todo lo demás”, dijo. “Así que puede haber negociaciones y conciliación”.

Pero le preocupa el impacto en la cultura humana si los satélites de Internet alteran para siempre el cielo nocturno.
“Lo que me asombra es que cualquier cosa que hagamos afectará a todos los demás en el planeta”, dijo Drimmel.

 The New York Times