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Por Benjamin Mueller

LONDRES — Cuando estalló el incendio en la Torre Grenfell en Londres, las llamas se extendieron por la estructura de 24 pisos con una velocidad sorprendente, causando la muerte de 72 personas en el incendio más mortífero en una vivienda desde la Segunda Guerra Mundial.

Cuando los británicos se enteraron de que el revestimiento que envolvía la torre la había convertido en una trampa mortal, la Primera Ministra Theresa May prometió asegurar que el desastre jamás se repitiera. Sin embargo, dos años después, decenas de miles de personas siguen en riesgo.

Alrededor de 16 mil departamentos privados todavía tienen el tipo de revestimiento exterior que alimentó al incendio de Grenfell. Los propietarios se sienten atrapados en polvorines que no pueden vender, y algunos residentes recorren sus edificios, pendientes de cualquier señal de humo. Aunque el Gobierno sí se movilizó para retirar el revestimiento de las torres de vivienda pública, 8 mil 400 departamentos públicos siguen esperando una reparación completa.

Un año antes del incendio, contratistas volvieron a revestir la Torre Grenfell con un tipo de paneles de aluminio de bajo costo prohibido en muchos países porque permite que las llamas se extiendan con rapidez. Sin embargo, las normas británicas fueron más permisivas. Siempre y cuando la superficie del revestimiento —el aluminio— fuera no inflamable, lo que hubiera en su interior no era tan importante. En este caso, esto significaba una capa intermedia de plástico que equivalía a una capa de combustible solidificado.

Cuando la torre Grenfell se incendió en el 2017, luego de que explotó un refrigerador, el plástico prendió y las llamas corrieron por un costado del edificio. El edificio de vivienda pública quedó reducido a cenizas y su cascarón quemado todavía se alza sobre Londres.

Los inspectores comenzaron a buscar edificios de apartamentos de muchos pisos con recubrimiento similar al de Grenfell. Encontraron 433 y ordenaron el retiro inmediato del material. Pero para abril de este año, se habían hecho cambios en menos de 100 de los edificios que se ordenó reparar.

“Si piensas en eso todo el tiempo, te vuelves loca”, dijo Rachel Guy, cuyo edificio de 10 pisos de propiedad privada en el sur de Londres está parcialmente recubierto del mismo material de aluminio y plástico usado en Grenfell. “Estás viviendo en un edificio que es fundamentalmente inseguro”.

En Inglaterra, la mayoría de los departamentos privados son arrendamientos a largo plazo, y el edificio es propiedad de un “propietario absoluto”. Esto volvió difícil responsabilizar a los propietarios de los inmuebles por el revestimiento. De hecho, muchos estaban presionando a los residentes para que pagaran por cambiar el material. La factura en el edificio de Guy ascendía a 70 mil libras (89 mil dólares) por departamento.

En mayo, el Gobierno destinó 254 millones de dólares para esos trabajos. Pero podría tomar años.

Más de mil 300 edificios, como hospitales, centros para personas de la tercera edad, escuelas y hoteles tienen exteriores inflamables, según cálculos de Rockwool, pero están exentos de tener que retirarlos.

En su discurso de renuncia, en mayo, May citó la respuesta del Gobierno a Grenfell como uno de sus máximos logros.

Sin embargo, un sindicato de bomberos calificó de “una vergüenza” que May haya celebrado esfuerzos que han dejado a decenas de miles de personas en riesgo.

 The New York Times