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Por Melissa Vida

BRUSELAS — Para María Marroquín, la vida en El Salvador se había vuelto intolerable. Los pandilleros extorsionadores habían matado a comerciantes en el mercado donde trabajaba. Temía por David, su hijo de 27 años, después de que un primo fue secuestrado y nunca se le volvió a ver.

Así que el año pasado, Marroquín, de 53 años, decidió huir del País. En lugar de unirse a las decenas de miles de personas que se encaminan al norte con la esperanza de llegar a Estados Unidos y buscar asilo allí, se dirigió a Europa.

“Ir a Estados Unidos sería una locura en este momento”, dijo, citando la campaña a favor de políticas de inmigración más estrictas impulsada por el Gobierno del Presidente Donald J. Trump.

El número de centroamericanos que buscan asilo en Europa ha aumentado casi 4 mil por ciento en la última década, de acuerdo con cifras oficiales, y la tasa de llegadas está acelerando. El año pasado, casi 7 mil 800 solicitaron asilo en Europa, comparados con los 4 mil 835 en el 2017.

Muchos han descubierto que el viaje a Europa es más seguro y mucho más barato que pagar a traficantes para pasar de México a Estados Unidos.

Marroquín tiene otro hijo en Bélgica, quien llenó la papelería para permitir que ella y su familia ingresaran como turistas. Ella reservó un vuelo a Bruselas y después de llegar, solicitaron asilo.

España es la primera opción para muchos centroamericanos debido al idioma en común, las redes establecidas de amigos y familiares y las oportunidades para trabajar en la economía informal.

Alejandro Hernández, un salvadoreño de 25 años que buscó asilo en España, dijo que cruzar por México habría sido una mala inversión.

“Cada uno de mis familiares pagó 8 mil dólares a los polleros”, dijo, “y algunos intentaron cuatro veces llegar a Estados Unidos y fracasaron”.

También citó otros desafíos del viaje: fatiga, sed y hambre; el crimen organizado en México, y las endurecidas políticas de inmigración de Trump.

El viaje del propio Hernández a España le costó 2 mil dólares: el precio de un boleto de avión y una reservación de hotel para demostrar a las autoridades que se hallaba ahí como turista.

Solicitó asilo en marzo del 2018, pero podrían pasar años antes de que reciba una respuesta del Gobierno español, que lidia con un rezago de solicitudes. Mientras tanto, trabaja en granjas porcinas cerca de Barcelona.

Alrededor de 8 mil casos de asilo de Centroamérica están pendientes en España. Eurostat informó que el País otorgó asilo a menos de 15 hondureños o salvadoreños en el 2018, y a un total de 30 en el primer trimestre del 2019.

La Oficina de Asilo y Refugio de España reportó que la mayoría de las solicitudes de asilo de centroamericanos se basaba en la amenaza de violencia de pandillas. Pero España rara vez reconoce este tipo de violencia como una razón para otorgar asilo.

Bélgica, que sí reconoce la violencia de pandillas como motivo para el asilo, ha demostrado ser un destino atractivo para los centroamericanos; 244 lo han solicitado en los primeros cuatro meses de este año.

“Tenemos un sistema sólido: otorgamos el estatus y la protección a quienes lo necesitan, independientemente de otros factores, incluso si sabemos o es posible que esto pudiera atraer a más migrantes”, dijo Dirk Van den Bulck, Comisionado belga para refugiados y apátridas.

Las autoridades belgas otorgaron el estatus de refugiado a 281 de los 288 salvadoreños que buscaban asilo y cuyos casos fueron procesados el año pasado, de acuerdo con estadísticas del Gobierno.

Sin embargo, la mayoría de los centroamericanos que se dirigen a Europa no solicitan protección de asilo, sino que se quedan después de que se vencen sus visas de turista, por lo general en España o Italia. Algunas estimaciones señalan que el número de los que inmigran de esta manera es muchos miles mayor que los que solicitan asilo a través de las rutas oficiales.

 The New York Times