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Por Paul Tullis

Los arrecifes de coral conforman sólo el 1 por ciento del lecho marino y no obstante son hogar del 25 por ciento de los peces marinos del mundo, una creciente fuente de proteína para la gente. Pero los arrecifes corren peligro debido a una variedad de amenazas que incluyen aguas más cálidas, mares que se acidifican, métodos de pesca destructivos y escurrimiento agrícola y de otro tipo.

Los científicos tienen apenas una idea aproximada de la extensión de los arrecifes en el mundo; un arrecife que se pensaba que medía 400 hectáreas podría medir 600 o sólo 200. De los arrecifes que han sido cartografiados, se sabe poco sobre su salud, los peces que viven ahí o la composición de las especies de coral.

Los océanos son inmensos, lo que hace que los arrecifes sean difíciles de precisar, y para los satélites y cámaras aéreas es difícil ver a través de la superficie del agua.
Ahora, un equipo de científicos liderado por Greg Asner y Robin Martin, de la Universidad Estatal de Arizona, ha desarrollado un conjunto de tecnologías para superar estos obstáculos.

Los instrumentos están instalados en un avión que vuela a poca altura y en conjunto conforman el Global Airborne Observatory, un observatorio aerotransportado que de hecho puede revelar lo que está bajo el agua marina y trazar un mapa del fondo del océano hasta una profundidad de 15 metros.

Hacer mapas de los arrecifes por lo general involucra nadar con sonares o arrastrarlos detrás de un barco, lo que resulta en un avance muy lento. El Global Airborne Observatory puede cartografiar 100 mil hectáreas al día, a un resolución de cuatro centímetros.

“Es un avance enorme”, dijo Nancy Knowlton, científica marina en el Instituto Smithsoniano. “La gente que trabaja en arrecifes de coral está tan ávida por cualquier cosa que pudiera ayudar en el ámbito de la conservación”.

Asner y Martin, que son esposos, trabajaron hombro a hombro durante años inventando técnicas para trazar mapas de bosques tropicales. Subieron a árboles en Madagascar y la Amazonia para recopilar muestras de hojas, que Martin analizaba en el laboratorio, para determinar su composición química. Más tarde, Asner sobrevolaba los bosques en una versión inicial del observatorio: un avión capaz de medir las longitudes de ondas de la luz reflejada por las copas de los árboles del bosque.

Al vincular las firmas espectrales de los árboles con su composición química, los dos científicos crearon los mapas más detallados de los bosques que se habían logrado hasta el momento. Sus mapas han sido usados en Perú para identificar ubicaciones de parques nacionales nuevos, y en Sudáfrica para descubrir cómo mejorar el hábitat para leones.

Asner y Martin también son buceadores recreativos. “Solíamos mantenerlo separado de la trayectoria en árboles tropicales”, dio Asner. Pero hace algunos años se dieron cuenta de que sus métodos científicos podrían ser aplicados a los arrecifes de coral.

Asner y Martin bucean para recopilar muestras y más tarde, de vuelta en el laboratorio, determinan cómo corresponde la composición química de los corales a sus firmas espectrales.

En seguida, el equipo busca esos espectros del Global Airborne Observatory. Las cámaras detectan colores fuera del rango de la visión humana que corresponden a la química de los corales. A medida que la química cambia con la salud de los corales, las cámaras lo detectan. El blanqueamiento de los corales es precipitado por un cambio en química que las cámaras pueden ver antes de que inicie el blanqueamiento. Con este conocimiento, se pueden planear intervenciones.

El conjunto de equipo tecnológico a bordo del Global Airborne Observatory es singular. Su dispositivo de espectroscopía de imagen, que muestra luz mas allá del rango visible, fue diseñado por la NASA. Su instrumento de lidar funciona como radar, pero con luz en lugar de ondas de radio: láseres gemelos emiten 500 mil pulsos de luz por segundo y graban los ecos, revelando la ubicación y forma tridimensional de todo objeto debajo del avión.

En su labor en los bosques, Asner y Martin han descubierto las firmas espectrales de 30 mil especies de árboles, casi la mitad del total mundial. Ahora, llevan aproximadamente un 6 por ciento de las 830 especies conocidas de coral.

“Mientras que la cantidad de especies es mucho menor, esto es mucho más difícil”, afirmó Asner.

“Estoy en busca de aplicaciones para la conservación que tengan eficacia real. Hay suficientes monografías publicadas. Estamos empujando a la comunidad científica para que haga que su trabajo esté mucho más basado en soluciones, en lugar de tener un periodo de latencia donde las cosas se investigan durante una eternidad”.

 The New York Times