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Por Jack Ewing

FRANKFURT — Ésta es una época alarmante para estar en el negocio automotriz.

El motor de combustión interna se ve amenazado por rivales eléctricos. Poseer un auto se está volviendo opcional en la era de Uber. Reguladores alrededor del mundo están multando a compañías que no hacen lo suficiente para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Las ventas globales de autos están disminuyendo por primera vez en una década, perturbadas por la guerra comercial del Presidente Donald J. Trump.

No es de extrañar que compañías como Fiat Chrysler y Renault estuvieran considerando unir fuerzas para sobrevivir. La decisión de Fiat Chrysler, el 5 de junio, de retirar su oferta para fusionarse con Renault, citando las exigencias del Gobierno de Francia, fue otro recordatorio de que el cambio es complicado para los fabricantes automotrices.

La abortada propuesta para crear al tercer fabricante automotriz más grande del mundo fue una respuesta a la perturbación que amenaza a una industria que representa muchos de los empleos manufactureros del mundo y es crucial para la suerte económica de Estados Unidos, Japón y Europa.

Nuevas tecnologías han deshecho industrias como el entretenimiento, los medios de comunicación y las ventas minoristas, debilitando la seguridad laboral de millones de trabajadores. Las armadoras automotrices, claramente, son las siguientes.

“Va a ser el cambio más grande que hemos visto en los últimos 100 años”, dijo Erik Gordon, profesor de Negocios en la Universidad de Michigan.

Las principales compañías automotrices gastarán mucho más de 400 mil millones de dólares en el curso de los próximos cinco años desarrollando autos eléctricos equipados con tecnología que automatiza gran parte de la tarea de conducir, de acuerdo con la firma de consultoría AlixPartners. Deben modernizar las fábricas, volver a capacitar a los obreros, reorganizar sus redes de proveedores y reconsiderar toda la idea de la propiedad de un auto.

Para los fabricantes, esta inversión es un asunto de supervivencia. Si no se adaptan, podrían volverse obsoletos. Sin embargo, nadie está siquiera seguro de si los clientes están realmente dispuestos a pagar por la tecnología y si alguna vez verán ganancias.

Los inversionistas ya han señalado quién creen que saldrá adelante en esta transformación. A pesar de todos su problemas, Tesla, la armadora de autos eléctricos, aún vale más en el mercado bursátil que Fiat Chrysler o Renault. Uber vale más que las dos juntas.

Es mucho lo que está en juego para la sociedad. Compañías como Volkswagen, General Motors o Toyota se cuentan entre los últimos patrones que operan enormes fábricas donde trabajan miles de personas.

A nivel mundial, 8 millones de personas trabajan para fabricantes automotrices, y una cantidad muchas veces mayor trabaja para compañías que suministran frenos, llantas y otras partes.

Esos empleos se ven amenazados. El año pasado, las ventas globales de autos cayeron por primera vez desde el 2009. La reducción podría ser una señal del inicio de una recesión global porque la industria automotriz es un catalizador económico muy importante, dijeron analistas de Fitch Ratings en un informe reciente.

La vacilante relación entre consumidores y autos ha sido apresurada por el surgimiento del cambio climático como una fuerte problemática política, así como por la peor calidad del aire en ciudades importantes.

China, Gran Bretaña y Francia encabezan una lista de países que tienen como propósito eliminar por etapas los autos que queman gasolina o diesel para el 2040.

Pero a pesar de su tamaño, armadoras como Fiat Chrysler, Ford o Volkswagen están en desventaja contra recién llegados como Uber or Dyson, el fabricante de aspiradoras que está desarrollando un auto eléctrico. Los fabricantes automotrices de vieja línea aún obtienen casi todos sus ingresos de autos con motores de combustión interna, y deben mantener redes de fábrica que rápidamente se vuelven un resumidero financiero cuando no operan a toda su capacidad.

Las armadoras ya están formando docenas de alianzas más pequeñas. Este año, Ford y Volkswagen acordaron juntas desarrollar pickups y vans comerciales. BMW y Jaguar planean cooperar para desarrollar sistemas de conducción para autos eléctricos.

Pero Jim Press, un ex ejecutivo de Chrysler, dijo que las alianzas a gran escala son esenciales “para tener un camino al éxito en esta era transformadora.
“Las compañías no van a hacerlo solas”, añadió.

 The New York Times