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Por Marc Santora y Benjamin Novak

BUDAPEST — Mucho antes del peor accidente náutico de Hungría en al menos seis décadas, se les había advertido a los funcionarios húngaros que el tráfico en el Danubio se había disparado a niveles peligrosos cerca de Budapest, pero el Gobierno no frenó el número de barcos en el río.

La noche del 29 de mayo, en medio de una lluvia torrencial cerca del Puente Margarita en Budapest, un crucero internacional, el Viking Sigyn, chocó y hundió a un bote turístico más pequeño, la Sirena, cobrando 28 vidas.

El accidente ha despertado inquietudes de que a nivel municipal y nacional, donde el turismo se ha convertido en una fuente importante de ingresos, los cálculos políticos y la búsqueda de ganancias rebasaban a las preocupaciones de seguridad.

Ya sea el Gobierno nacional o la Ciudad, ambos controlados por el partido Fidesz del Primer Ministro Viktor Orban, pudieron haber actuado para limitar el número de barcos y botes que operan en Budapest.

La agencia nacional de turismo otorga permisos a botes turísticos, mientras que la Ciudad controla el acceso a los muelles.

“Se les advirtió a los funcionarios municipales de los peligros de tener demasiado tráfico”, dijo Gabor Demszky, ex Alcalde de Budapest. “Pero no tomaron acciones”.

La Sirena trasladaba a 33 turistas de Corea del Sur y dos miembros de la tripulación. El capitán ucraniano del crucero, identificado sólo como Yuriy C., de 64 años, ha sido arrestado por sospecha de negligencia.

Sin embargo, más allá del papel del error humano, la gente tiene mucho tiempo de apuntar a los riesgos del tráfico pesado en el río —particularmente de noche, cuando los botes turísticos ofrecen las vistas más espectaculares de la Ciudad.

La agencia de turismo húngara afirmó que el País cumplía con todas las normas internacionales en lo que respecta al Danubio, incluyendo las relacionadas con la navegación segura de embarcaciones grandes.

No obstante, barcos hoteleros, como el Viking Sigyn, de 135 metros de eslora, deben competir por espacio con botes de visitas guiadas como la Sirena, una embarcación de la era soviética, de casi 30 metros, así como con barcazas de transporte industrial, restaurantes atracados permanentemente y otras estructuras flotantes.

El Danubio se extiende 3 mil kilómetros desde Alemania hasta el Mar Negro y atraviesa 10 países. Un estudio cofinanciado por la Comisión Europea dado a conocer en abril del 2018 arrojó que la cantidad de tráfico en el Danubio, medido en la frontera entre Alemania y Austria, aumentó 89 por ciento entre el 2002 y el 2017.

También reportó que el número de cruceros en el río aumentó más del doble del 2004 al 2017, a 364 barcos.

Funcionarios de la industria apuntaron que los cruceros de río siguen figurando entre los modos más seguros de viajar, con un historial aún mejor que el de la industria de las aerolíneas. Sin embargo, David Szekeres, un capitán de barco de 47 años, quien capacita a capitanes, dijo que no todos los que están al timón están a la altura de la tarea, en parte porque se ha debilitado el proceso de autorización de licencias.

“No tienes que aprender nada sobre navegación”, dijo. “Sólo tienes que aprender las respuestas exactas para aprobar el examen”.

No importa lo que hallen los investigadores, no cambiará lo que la gente que conoce el Danubio tiene mucho tiempo de decir que es el problema.
“Para mí, está saturado”, dijo Szekeres.

The New York Times