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Por Hisako Ueno y Daniel Victor

TOKIO — Japón es el campo de batalla más reciente para las mujeres que se rebelan contra la tiranía —y el dolor— de los zapatos de tacón.

Miles de simpatizantes se han unido vía el hashtag #KuToo, un juego de palabras basado en las palabras zapato (kutsu) y dolor (kutsuu) en japonés. Fue iniciado por Yumi Ishikawa, una mujer de 32 años que dijo haber tenido que cambiar de profesión porque se le dificultaba estar parada en zapatos de tacón durante ocho horas de capacitación para un empleo.

A principios de junio presentó una petición al Ministerio del Trabajo, firmada por casi 30 mil personas, que pide la creación de una ley que prohíba que los patrones obliguen a las mujeres a usar zapatos de tacón alto.
Ishikawa dijo que sus esfuerzos fueron recibidos con escepticismo por parte de los funcionarios. Japón es un país con roles de género rígidos, y los tacones altos son vistos por muchos como empoderantes, atractivos y dignos de cualquier incomodidad.

Pero también pueden limitar las opciones de campo de trabajo de una mujer: las incapaces de soportar el dolor de los tacones deben evitar las industrias donde se espera el uso de ese tipo de calzado.

Shino Naito, investigador vice senior en el Instituto Japonés de Política Laboral y Capacitación, en Tokio, dijo que exigir zapatos de tacón podría considerarse acoso de género. “Aquí el problema es esperar o imponer un estándar femenino en el lugar de trabajo”, comentó.

En años recientes, las mujeres fuera de Japón han obtenido apoyo de sus gobiernos en el tema. En el 2017, Filipinas y Columbia Británica aprobaron leyes que prohíben que las empresas obliguen a las mujeres a usar zapatos de tacón alto en el trabajo.

La crítica a los tacones altos ha sido frecuente a través de la historia moderna. The New York Times reportó su primera queja acerca de los tacones altos en 1873 —y provino de hombres. El requisito de que los soldados usaran botas con tacón alto provocó “muchos pies con ampollas”.

Sin embargo, la atención pronto se dirigió a las mujeres. En 1911, los médicos franceses advirtieron que las mujeres que cambiaban sus zapatos de tacón alto por un par de pantuflas cómodas de suela plana al llegar a casa podrían estar haciendo más daño que bien a sus pies.

Los médicos dijeron a The Times que la práctica “provoca que el pie pase de un extremo al otro, lo cual terminará por producir un sufrimiento persistente”.

El primer tuit de Ishikawa al respecto, en enero, fue compartido casi 30 mil veces, lo cual sugiere que cuenta con muchos simpatizantes. Sin embargo, no ha recibido mucho apoyo de las empresas.

“Las mujeres ni se dan cuenta de que se están arriesgando, pues esta moda se ha arraigado en la cultura del trabajo”, señaló. “Deberíamos tomar el tema más en serio”.

The New York Times