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Por Benedict Carey

El invierno pasado, varias docenas de personas que batallaban con deseos suicidas y emociones intensas abrieron sus vidas a una compañía de Silicon Valley llamada Mindstrong.

La empresa prometía algo que ninguna terapia con medicamentos o con conversación puede proveer: un sistema de advertencia temprana que llamaría la atención al usuario cuando una crisis emocional pareciera inminente —una “alarma contra incendios” personal y digital.

Durante el último año, funcionarios de salud mental de California se han reunido con Mindstrong y otra compañía, 7 Cups, para poner a prueba apps para teléfonos inteligentes para personas que reciben cuidados vía el sistema público de salud mental del Estado.

Los usuarios de la app, la mayoría diagnosticada con trastorno de personalidad limítrofe, estuvieron entre los primeros en probarla. Permitieron que Mindstrong instalara digitalmente un teclado alterno en sus teléfonos inteligentes y que monitoreara su actividad en pantalla momento a momento.

“Las personas con trastorno de personalidad limítrofe tienen muchas dificultades para identificar cuando su angustia está muy disparada”, dijo Lynn McFarr, directora de la clínica de terapia de comportamiento cognitivo y dialéctico en el Centro Médico

Harbor de la Universidad de California, en Los Ángeles. “Si podemos mostrarles, de esta manera bioretroalimentadora, que las señales se dispararon ayer, digamos, después de que se pelearon con un compañero de trabajo, entonces podrían anticipar esa emoción y atacarla con las herramientas que han aprendido”.

“Sí lo vemos como una alarma contra incendios”, dijo Thomas R. Insel, psiquiatra y neurocientífico que es uno de los cofundadores de Mindstrong. “Queremos que esta alarma se active cuando hay un incendio y no cuando sólo hay humo”.

La app también incluye una función de diario: una tarjeta digital que los usuarios llenan todos los días como bitácora de eventos, estrés laboral, estado anímico y calidad del sueño, entre otras cosas.

“Me gusta la tarjeta de diario”, dijo Skyy Brewer, una peluquera que ha utilizado el diario desde diciembre para manejar síntomas de depresión y ansiedad. “Puedes repasar las tarjetas de la semana en terapia y ver los días buenos y los malos y dar con por qué tu estado de ánimo andaba chueco”.

La otra compañía, 7 Cups, es una red digital de salud mental: los clientes agobiados pueden chatear, vía texto, con un “escucha” entrenado que evalúa la severidad del problema y puede contactar a la persona con un terapeuta de 7 Cups si fuera necesario.

La compañía tiene disponibles casi 340 mil escuchas en 189 países, ofrece apoyo en 140 idiomas y tiene 40 millones de usuarios.

Hasta ahora, las apps se han topado con algunos retos. De las dos o tres docenas de personas en California que instalaron teclados Mindstrong, alrededor de la mitad ha dejado de utilizar la función. Un número de usuarios decidió que les agradaba la función del diario, pero poco más que eso. Y a los funcionarios les preocupan los peligros que apps así presentan a la privacidad de los usuarios.

“Si estamos emocionados respecto al potencial de los datos, deberíamos estar igualmente preocupados por los riesgos, y esos parecen estar evolucionado con mayor rapidez que el beneficio científico”, dijo John Torous, director de la División de Psiquiatría Digital en el Centro Médico Beth Israel Deaconess, en Boston.

Los desarrolladores de apps y los Grandes Datos podrían terminar transformando el cuidado de la salud mental, pero tendrán que realizar la labor incremental de poner a prueba tratamientos nuevos.
Insel reconoció que el programa podría fallar en un principio.

“El detalle de California es que tiene a un inmenso número de personas en el sistema público”, dijo. “Por lo menos está dispuesto a preguntar: ‘¿por qué no está funcionando esto? ¿por qué no están trabajando los condados con este increíble sector de tecnología?’ Y luego hacer algo al respecto”.

The New York Times