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Por Peter S. Goodman

PRESTON, Inglaterra — En comunidades por toda Gran Bretaña, los fondos provenientes de Londres estaban disminuyendo: la ecuación central de la austeridad nacional. Pero en el deteriorado cinturón industrial del noroeste de Inglaterra, la ciudad de Preston tomó la crisis de los recortes presupuestales como estímulo para una transformación.

En lo que ha llegado a conocerse como el modelo Preston, el Gobierno comenzó a dirigir el gasto hacia empresas locales.

Los líderes reemplazaron un abandonado proyecto de construcción de un centro comercial con un mercado retro-chic que se ha convertido en un imán para nuevos negocios. Han ayudado a cooperativas, incluyendo un café “de la granja a la mesa” que intenta impulsar el mercado para las hortalizas locales mientras capacita a personas para empleos en la industria de la hospitalidad. En resumen, Preston ha explotado la austeridad como un catalizador para la autosuficiencia.

El gasto en servicios locales en Inglaterra se ha desplomado en más de una quinta parte en promedio durante la última década, de acuerdo con un estudio, mientras que zonas como el norte de Inglaterra han visto recortes mucho mayores. El gasto se ha reducido más del 60 por ciento en centros juveniles, más de la mitad en programas de vivienda y más del 40 por ciento en carreteras, transporte y programas culturales.

La mayor parte de Gran Bretaña se encuentra ahora en una encrucijada: o aumentan los impuestos o los servicios locales seguirán decreciendo.

En Preston, ciudad de 140 mil habitantes, los líderes han reorientado el gasto público en los negocios de la región. Este cambio comenzó con la desaparición del anterior enfoque al desarrollo económico. El fin llegó en el 2009, justo cuando la austeridad empezaba a forzar recortes a los servicios de salud mental y para jóvenes, y justo cuando la Ciudad estaba abrumada por el desempleo, las personas sin hogar y la desesperación.

“Era horrendo”, recordó Matthew Brown, líder del Concejo Municipal de Preston. “Estábamos totalmente limitados en nuestra capacidad para ayudar a la gente”.

En el 2012, Brown se reunió con un experto de una institución de investigación enfocada en revivir a las comunidades locales. Su conversación produjo las bases para el modelo Preston.

El modelo opera como un pacto social. A cambio de un flujo confiable de dinero público, las instituciones locales prometen considerar más que el balance general al construir nuevas instalaciones, pagar a trabajadores y contratar servicios.

Cuando el modelo de Preston comenzó, las instituciones locales participantes canalizaban sólo el 5 por ciento de su gasto dentro de Preston y el 39 por ciento dentro de su Condado de Lancashire. Para el 2017, esas proporciones habían crecido al 18 y 78 por ciento, respectivamente.

“Hubo un cambio cultural”, dijo Brown. “Estamos tratando de encontrar alternativas al modelo capitalista”.

Sin embargo, en otras comunidades que enfrentan recortes, la austeridad ha reforzado el apoyo al capitalismo. Los líderes han adoptado el comportamiento de los magnates de los bienes raíces.

La dependencia que establece los estándares para la administración de fondos del Gobierno, el Chartered Institute of Public Finance and Accountancy, advirtió que atar las finanzas del Concejo a carteras de inversiones inmobiliarias era riesgoso.

Díganle eso a Gerry Clarkson, que encabeza la Alcaldía de Ashford en el sureste de Inglaterra. La austeridad ha recortado el 40 por ciento del presupuesto de su Concejo, provocando aumentos en los cobros por basura y reciclaje, y recortes a los

centros deportivos públicos.

“Les dije; ‘dejen de quejarse y de ahogar su llanto en cerveza’”, recordó Clarkson. “’No necesitamos fondos del Gobierno. Vamos a actuar como un negocio’”.

Clarkson está decidido a convertir a Ashford —de 127 mil habitantes— en un próspero centro de comercio. En el 2013, su Concejo compró una cuadra de 30 departamentos y algunas tiendas en las orillas de la Ciudad en 1.3 millones de dólares. Al año siguiente, el Concejo adquirió una torre de oficinas de 12 pisos junto a la estación de trenes en alrededor de 10 millones de dólares, todo ello prestado.

El Concejo compró Park Mall, un centro comercial abandonado, para inyectar vida al Centro de la Ciudad. Luego desarrolló Elwick Place, un complejo de seis salas de cine más restaurantes y un hotel. Eso le costó al Ayuntamiento 53 millones de dólares, 95 por ciento de ello prestado, aunque a una tasa de interés del 1 por ciento.

Ashford ha invertido más de 65 millones de dólares en bienes raíces en los últimos seis años. Estas inversiones han producido ingresos que se espera superen los 4 millones de dólares este año. Tan sólo la torre de oficinas está redituando un margen de ganancias del 13 por ciento.

Sin embargo, operar un gobierno como un negocio es manejarlo en una forma que hace que el fracaso sea una posibilidad.

Pero Clarkson dijo que no le perturban tales preocupaciones.

“No te pueden hacer manicure en línea”, comentó. “No puedes comprar una taza de café en línea”.

The New York Times