•  |
  •  |

Por Richard Fausset

Cuando Leah Chase, la célebre chef de cocina criolla, murió el 1 de junio a los 96 años, no había duda de que Nueva Orleans la despediría con un funeral de jazz, quizás el ritual más emblemático de la Ciudad.

El funeral de jazz sigue siendo un rito poderosamente trascendente y la forma preferida del Nueva Orleans de raza negra para honrar a sus venerados muertos. Pocos eran más venerados que Chase.

La tarde del 10 de junio, salió su ataúd de la Iglesia Católica San Pedro Claver sobre los hombros de los portadores. Cientos de personas se habían reunido ahí para saludarla.

El funeral de jazz data de fines del siglo 19. Al igual que la cocina criolla de Chase, el ritual ha sobrevivido al acoger tanto la tradición como el cambio.

También es una celebración de renacimiento. Las melodías fúnebres dan paso a piezas alegres y bailes catárticos al tiempo que el cuerpo es “soltado” y el alma asciende al cielo.

La reinauguración de Dooky Chase’s, el restaurante familiar de Chase, luego de que se inundara en el huracán Katrina, fue un punto crucial en el lento resurgimiento de la Ciudad. El restaurante había sido un lugar de reunión para los líderes nacionales de los derechos civiles.

Después de que su ataúd fue subido a la carroza fúnebre, la multitud empezó a seguirlo a pie. La Original Royal Players Brass Band tocó un himno, “Savior, Lead Me Lest I Stray”, lento y plañidero.

La multitud detrás de la banda, la segunda fila, era una mezcla de razas y edades, algunos integrantes en galas funerarias, otros en patas de gallo. Había indios de Mardi Gras vestidos de civiles y unos cuantos en sus llamativos trajes con cuentas.

Las Baby Dolls, mujeres vestidas de encaje y satín blanco, se pavoneaban al ritmo.

Después del huracán Katrina hubo una gran preocupación de que las tradiciones afroamericanas de Nueva Orleans —sus funerales, sus Baby Dolls, sus indios de Mardi Gras— se desvanecieran al tiempo que los residentes se vieron obligados a dispersarse por todo el País. Pero las tradiciones han sobrevivido, en algunos casos más fuertes que nunca. Sin embargo, existe un nuevo temor de que fenezcan ante la presión del aburguesamiento y la desaparición de barrios tradicionalmente negros.

Hubo evidencia de adaptación, y nuevas variantes de formas atemporales. “Cada generación tiene que redefinir esto, hombre”, dijo Willie Birch, un artista visual y amigo de Chase. “Todo es continuidad”.

La renovación de lo antiguo quedó patente en la impactante presencia de las Siete Hermanas Místicas, luciendo amplias faldas blancas y turbantes que evocan a las practicantes de vudú de antaño. Pero sólo han estado desfilando por las calles durante un par de años.

El desfile llegó al restaurante, y entonces la familia se separó para sepultar a Chase en privado. Otros dolientes abordaron autobuses rentados hacia el Museo de Arte de Nueva Orleans, donde Chase había fungido como miembro del consejo.

La banda y los dolientes bailaron alrededor del museo. Los trabajadores de Dooky Chase’s les dieron pollo frito, frijoles rojos y arroz.

La familia de Chase abriría el restaurante al día siguiente.

 The New York Times