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Por Kimon De Greef y Norimitsu Onishi

STRAND, Sudáfrica — Para muchos niños blancos que crecieron en Sudáfrica durante el apartheid, la cadena de restaurantes Spur Steak Ranches era un hogar lejos del hogar, que ofrecía comidas para niños y áreas de juegos con un tema del Viejo Oeste de Estados Unidos.

Para sus padres, Spur servía como el centro social en muchos poblados rurales y en suburbios como Strand, un centro turístico en la playa, alguna vez popular, aproximadamente a 50 kilómetros de Ciudad del Cabo.

Sin embargo, algunos han dejado de ir, al apoyar un boicot que ahora inicia su tercer año y que ha resaltado las tensiones raciales en la sociedad sudafricana.

El boicot comenzó en el 2017 cuando Spur se puso del lado de una mujer de raza negra que tuvo un enfrentamiento con un hombre de raza blanca en una franquicia en Johannesburgo. Pero la campaña continua contra la cadena —promovida por los grupos más prominentes de Sudáfrica que abogan por los derechos de la minoría de raza blanca— refleja algo más profundo. Es una muestra de un fuerte sentido, que parece estar creciendo, de resentimiento entre muchos sudafricanos blancos un cuarto de siglo después de que perdieron el poder político, y de que las atrocidades y brutalidades del apartheid llegaron a su fin.

En los comicios generales de mayo para elegir una nueva Asamblea Nacional, el partido que disfrutó del mayor aumento en participación del voto fue el Frente de la Libertad Plus —un pequeño partido afrikáner que lucha por revocar las políticas de acción afirmativa para sudafricanos de raza negra.

En el pleito que dio pie al boicot, captado en videos que se volvieron virales, los dos clientes son vistos discutiendo por el comportamiento de sus hijos. El hombre blanco tira de un jalón el brazo de un niño negro, mientras amenaza con golpear a la mujer de raza negra e intenta voltear una mesa donde estaban sentados los hijos pequeños de ella.

Spur emitió una disculpa a la mujer y prohibió la entrada al hombre por sus “modales agresivos”.

El boicot hizo eco sobre todo entre los afrikáners blancos quienes, aunque viven en un país donde los blancos todavía controlan de forma desproporcionada la economía, están resentidos por haber sido los perdedores en una Sudáfrica democrática.

A menos de seis meses del boicot, las ventas nacionales de Spur cayeron en más de un 9 por ciento. Ese descenso ocultaba pérdidas más profundas en los restaurantes de la cadena en áreas de raza blanca.

Mark Farrelly, un ejecutivo en Spur, dijo en lo más álgido del boicot, en el 2017, que la compañía enfrentaba una “furiosa reacción negativa de la derecha”.

Los sudafricanos de raza negra hoy representan alrededor del 65 por ciento de los clientes en Spur, de acuerdo con un reporte interno.

Un día reciente, el Spur en Strand estaba medio lleno, con cantidades iguales de gente blanca, negra y de raza mixta.

Anelisa Nqevu estaba ahí con su hija. “Cada vez que salgo de compras, quiere que la lleve a Spur”, dijo Nqevu.

The New York Times